Con el Papa, aunque pueda equivocarse

Estamos con el Papa, sea el que sea y como sea. Como todo humano, pecador y con fallos. Y estando con él, como dijera santo Tomás Moro[1], estamos con Dios. Jesús, a pesar de decir a san Pedro, «apártate de mi Satanás» (Mt 16,21-23), o haberles fallado, negándole por tres veces (Mc 14,66-72) y alguna que otro cosa  más, como en la barca que se hundía… y echarle  en cara su poca fe (Mt 14,29-31), el Señor le eligió como piloto de su barca la Iglesia. 

Entre los fallos, uno puede lo relacionado con la declaración Fiducia Supplicans, con la que la Iglesia católica se abre a la bendición de parejas en situaciones diferentes, como las de divorciados o los del mismo sexo: a) desde la elección de quien la redactó, el cardenal Fernández, quien lleva casi dos meses que no da abasto para achicar el agua de las grietas que ha abierto, a base de declaraciones y matizaciones, etc., y ahora con la compra de todos los ejemplares en venta de alguno de sus libros para quemaros, por la críticas más que justificadas; b) hasta, cuando ya ha tomado las riendas de las aclaraciones, produciendo, una vez que el cardenal Fernández se ha quemado tratando de apagar tanto fuego, unas manifestaciones que pueden ser criticadas por no ser del todo precisas, como por ejemplo:

Hace unos días, ha manifestado sobre los críticos con las bendiciones gais: “Quienes protestan con vehemencia pertenecen a pequeños grupos ideológicos”. 

Primeramente hay que decir que ni son pocos ni están ideologizados.

Es poco elegante: una forma de autojustificar… descalificando y de renunciar a hacer autocrítica, tan sana.

No son poco: salta a la luz la gran cantidad de gente la Iglesia de todos los niveles que han manifiestado su desacuerdo y descontento, y otros muchos files piadoso que «sin voz oíble» han mostrado en su entorno parroquial su entre confusión y disconformidad por lo suscitado con lo de las bendiciones…

Esta chocando con el «Sensus fidelium» o «sentido de los fieles»: estar en comunión conforme con las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio. Cuando la Iglesia como pueblo manifiesta un consenso universal en materia de fe y de moral, se considera que el Espíritu Santo está obrando a través de esa afirmación y eso se denomina «Sensus fidelium» o «sentido de los fieles».

También a tener en cuenta que las posibles críticas, observaciones o discrepancias de pareceres no van contra la persona del Santo Padre, sino contra un escrito con un contenido concreto que se puede prestar dudas razonables.

En fin, como ha dicho otro pausando de Tomás Moro, Chesterton: al entrar en la iglesia no hemos de quitar el sombre pero no la cabeza…  Por otro lado, tenemos la obligación moral de «corregir al que yerra». Y por último, la primera instancia y última obligación que teneos con nosotros mismo es el seguir el dictado de nuestra conciencia, de la que no podemos abdicar.

Poe lo demás, concluir que el Papa no se equivoca cuando se pronuncia «ex cátedra»[2], cosa que ha sucedido en momentos que se puede contar con los dedos de una mano en todos los 266 papas que han existido. De estas declaraciones dogmáticas, varias han sido referidas a la Virgen María, la Asunción y la Inmaculada Concepción; las cuales ya venían siendo así consideradas por la piedad popular a través de generaciones y generaciones, es decir, como si la «Sinodalidad» hubiera existido verdaderamente  ya, a diferencia del simulacro actual, que no ha servido para nada en cuanto a lo tocante a la Fiducia Supplicans.

Ante esta formulación ambigua que ha creado confusión, tal vez lo mejor sería afirmarse en la nota de hace dos años, del cardenal Ladaria y dejar en el olvido la declaración Fiducia Supplicans; pero el Papa  se mantiene: “Confío en que poco a poco todos se tranquilicen con el espíritu de la Declaración que tiene como objetivo incluir, no dividir”. “El Evangelio es santificar a todos. Eso sí, siempre que haya buena voluntad. Y es necesario dar instrucciones precisas sobre la vida cristiana (subrayo que no es la unión la que es bendecida, sino el pueblo). Pero todos somos pecadores: ¿por qué entonces hacer una lista de pecadores que pueden entrar en la Iglesia y una lista de pecadores que no pueden estar en la Iglesia? Este no es el Evangelio”.

 

Les invitamos a lee este breve pero preciso artículo del sacerdote Brochano: «Sobre bendiciones a dos personas que se aman»

 

P.D.:

Nuestro artículo, previo a todo esto: “Estar con el Papa…”

 

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[1] https://www.actualidadcatolica.es/estar-con-el-papa/

[2] El concilio Vatican I expresó en 1870 así el dogma de la infalibilidad papal

 

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