Se confesó diciendo: «Tengo todos los pecados. Menos matar, ponme uno de cada».
En la legendaria isla de Ítaca se levantaba el hermoso palacio del héroe, Ulises, rodeado de tres montañas y desde el que podían divisarse tres mares. También en la historia de África que presentan en el portal opusdei.cl hay tres hitos que le ayudaron a reconocer que había vuelto a casa, pero de eso no fue consciente hasta varios años después, cuando se sentó a escribir los puntos de inflexión de su propia existencia. En el momento, le bastaba con ir, como diría aquel entrenador, “partido a partido”. África estuvo veintidós años sin tener apenas contacto con Dios. “Apenas” porque casarse, se casó por la Iglesia y, de vez en cuando, rezaba un Padrenuestro para pedir alguna cosilla, por si acaso. Pero todo le iba de maravilla: Su marido es un encanto, tiene dos hijos estupendos —un niño y una niña, como ella quería—, cambiaba de trabajo rápidamente… Tú has nacido con estrella, todo te va fenomenal. No necesitaba a Dios para nada y quedaban ya muy lejos aquellos años de colegio de monjas y los domingos de Misa con la familia. Lo hizo porque su hijo iba a hacer la Primera Comunión y le daba pena que fuera la última, porque ella y su marido nunca iban a Misa. Como no vio al cura, cogió un libro que había allí y que luego no ha dejado de leer porque le encanta: “Hablar con Dios”, de Francisco Fernández Carvajal. Le parecía tan bonita la historia que contaba que no creía que pudiera ser verdad. Empezó a llegar antes a la universidad para leer y volvía a ello en cuanto terminaban las clases. Y mientras el cura seguía sin aparecer… Hasta que el cura apareció. Le dijo que quería confirmarse y que le sonaba que para eso había que confesarse antes. El sacerdote le dio un examen de conciencia y ella se preparó. ¿Cómo iba a saber ella que todo eso era pecado? Se confesó diciendo: Tengo todos los pecados. Menos matar, ponme uno de cada. A raíz de la Confirmación empezó a ir a Misa, pero lo dejó. Después de la Comunión de su hijo lo volvió a intentar, pero nada. No entendía el significado de la Liturgia ni las palabras del sacerdote. Le parecía todo repetitivo, no le encontraba ningún atractivo.
El dulce azul del Adriático
El calor del atardecer en el Mediterráneo Llegó a la cita con tiempo y decidió entrar y sentarse al lado de la organista para esperarla, al lado del altar, en el primer banco. En la homilía pasó algo. El sacerdote empezó a hablar de una manera que me dejó impactada. Fue como si el mensaje fuera para mí: hablaba de la otra vida, de que esto es un cambio de casa, que somos eternos y la muerte es sólo un hasta luego, que estaremos con nuestros seres queridos, que conoceremos a Jesús… Mi pena se iba pasando por momentos para ir dando paso a la esperanza. Por aquella época llevaba a sus hijos al colegio y después algunas madres amigas se iban a desayunar. Ella empezó a ir algunos días a Misa a esa hora… pero le daba vergüenza decirlo. Un día les contaba que tenía que ir a una peluquería que abría muy pronto. Otro, que tenía que hacer un recado en una tienda que estaba muy lejos. Hasta que un día no pudo más… “¿Pero se puede saber dónde vas todos los días después del cole?” ¡A Misa!, ¡me voy a Misa porque lo necesito!“¿Pero qué dices? Si es jueves”. Ese fue el retorno definitivo para África. Su marido, al que al final contó su conversión, estuvo un tiempo riéndose. Pero luego empezó a acompañarla los domingos. A todos, porque iban los cuatro. Él se quedaba esperándoles en el bar y, poco a poco, fue entrando. Le pasó lo mismo que a mí, aunque tardó más. Yo pensaba que era feliz pero ahora me doy cuenta de que me faltaba eso tan importante que es Dios. De vivir de espaldas a Dios a vivir de cara a Él, la vida es totalmente distinta, gira 180 grados. Alguna vez, hace muchos años, África recuerda haber sentido pena por haber perdido la fe y haber oído por dentro una voz que le decía “pídela”. Y la pidió. Cuando pides fe el Señor te la da. Así, gratis.
Otros testimonios junto al de África en el siguiente documental: https://www.portaluz.org/como-ulises-africa-regreso-a-casa-de-vivir-de-espaldas-a-2840.htm |
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