
Más que futuro es un ya que se va a gravar muy considerablemente y pronto, no más de una década, a lo sumo, hará temblar al mundo.
A no ser que EE.UU. se centre ahora con Trump en ganar en terreno económico, que es la guerra real que se está librando, como definitiva, y que en estos tiempos sustituye a la bélica.
Ni los ofrecimientos comerciales de otros gobiernos, ni los pactos con la Iglesia, ni «las protestas», etc., han hecho que China cambie su rumbo: el avance imparable de una dictadura comunista que silenciosamente gana más y más poder con la pretensión de apoderarse del mundo. Todo va sin apenas ruido, disimuladamente, mientras nadie dice nada; todas las naciones callan y negocian; se relacionan sin el mínimo escrúpulo con un régimen totalitario, que, amén de los atropellos internos contra la libertad, representa una amenaza de magnitudes globales. Y algún día, esa bestia con la que las naciones del mundo andan encamadas, acabará devorándoles con sus feroces fauces.
Aunque no se dan a conocer, cada día surge de ese país alguna nueva mala noticia en contra de las libertades y la vida de la gente: desaparecidos, presos, las torturas, muertes, violaciones de lugares de culto, expropiaciones, cierres y derribos, etc. E incluso se ha prohibido la celebración de funerales y exequias fuera de los templos cristianos oficialmente reconocidos.
Apenas sabemos realmente todo lo que está pasando en el interior de esa férrea dictadura comunista china; el control y la opacidad no permiten que se conozcan los atropellos que se están cometiendo ahí dentro; se extiende un inquietante silencio… Tan solo sabemos algo por los gritos ahogados de los cristianos perseguidos.
«A 32 años de la Masacre de la plaza Tiananmen, hecho ocurrido en China donde fallecieron alrededor 10 mil personas a manos de las fuerzas armadas del gobierno, una superviviente cuenta su historia y dice que China es la «la prisión más grande del mundo».
«China es una dictadura y una potencia colonial más peligrosa y sanguinaria que la Alemania nazi. Ha prosperado gracias al apaciguamiento de los gobiernos occidentales y al cortejo de las multinacionales.» (BLes/InfoCatólica).
El tratamiento que el gobierno chino da a los uigures es «una de las tragedias humanas más atroces desde el Holocausto». Según múltiples informes, entre 900.000 y 1,8 millones de uigures y otras minorías étnicas han sido encarcelados en Xinjiang, la provincia del extremo noroeste de China. El gobierno ha establecido más de 1.300 campos de detención en los que los supervivientes han informado de que han sido sometidos a adoctrinamiento político y antirreligioso, torturas, palizas y trabajos forzados.
Un estudio del Instituto de Política Estratégica de Australia (ASPI, por sus siglas en inglés) ha revelado que desde el año 2017 el Gobierno de China llevó a cabo la construcción de 380
La China de Jinping ocupa el primer puesto del mundo en cuanto a persecución religiosa.
Y ahora mismo es el momento en que El obispo Zhang Weizhu sigue en paradero desconocido nueve meses después de ser arrestado en China.
Y mientras el gobierno chino incumple de manera continuada y según le convengan el acuerdo firmado con el Vaticano.
Lo que está ocurriendo ahí dentro es tremendo y en el plano mundial su poder, expansión e influencia es cada vez mayor.
Otra cuestión es el respeto o miedo con una mezcla de intereses de los países de Occidente. Y así, «disimuladamente», a la chita callando, China avanza hacia su objetivo: hacerse la dueña del mundo.
De forma imparable, China está aprovechando la crisis de Occidente en general y de Estados Unidos en particular, para alzarse con la hegemonía económica y seguro algo más. Se expande por los cinco continentes, y su dominio en tecnología es cada vez mayor, hasta que un día nos sorprenda con su poder y control, especialmente a través de la inteligencia artificial.
Mientras tanto, los que se venden por dinero -como se vende el alma-, callan y apañan; algún día se arrepentirán, pero será tarde.
Como decía Massimo Introvigne: «El Partido Comunista de China debería ser expulsado de la humanidad»
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