Este libro de Aldo Aluffi, S. J., «Vivir el evangelio de cada día»[1], trata de un reflexionar sobre las realidad de cada día, de las cosas sencillas que nos suceden pero que están cargadas de luz siempre que se las ilumine de la fe que se deriva del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Así visto el vivir de cada día, como dice el autor que le dijeron: es una presentación de la vida como un don. Y un consejo de él mismo: «Al rato deja de leer, alza los ojos de la página, para encontrarte en «tu» verdad actual, es decir, en la oración escucha-de-lo-divino.»
- la realidad nos sale al encuentro
Establece tiempos bastante regulares. 6
Es necesario aprender a hablar con el lenguaje del momento, más aún, con la realidad misma que en cada momento nos sale al encuentro.
Pero es preferible hablar con la realidad vivida que con la realidad «hablada». 9
Hablar con la verdad (realidad) del momento presente. 10
Ningún elemento de la realidad externa es amorfo o neutro; no es un mundo sin alma, sino que posee enormes capacidades creadoras. 10
Solamente las relaciones humanas y el contacto con el mundo real nos llevan al desarrollo de un espíritu que construye lentamente su propia personalidad humana y cristiana. 13
Los acontecimientos, las cosas y las personas, pueden ser un capital precioso para nuestra alma: pueden enriquecernos siempre que exista en nosotros alguna capacidad contemplativa. 13
«Y María, la madre, conservaba estas cosas, relacionándolas y guardándolas en su corazón»
Este recogimiento ante la realidad exterior no es para ella una simple crónica, ni una vana curiosidad, sino que a través de su penetración anímica, se convierte en iluminación.
En este «conservar» y en este «componer» (poner juntos) descubre María los caminos de Dios, sus llamadas y las expresiones siempre nuevas de su divino amor. 18
Es necesario «componer». pero no se trata de realizar una operación puramente intelectual, desencarnada de la realidad; al contrario, es cuestión de reunir aquellas realidades para adquirir una mayor claridad y evidencia. 19
- La trascendencia nos sale al encuentro
La presencia del que se constituye en pregunta te hace un gran bien.
Cuestionarnos respecto a todo lo que nos ha ofrecido tan buenas garantías puede ayudarnos a elevar la mirada y contemplar horizontes más amplios. 23
El hombre tiene siempre dificultad para poseerse a sí mismo. 23
Fiémonos de Dios y dejémonos conducir por El, que sabe perfectamente adónde quiere llevarnos. 30
El saber y el no saber no son directamente proporciónale sal hacer o al hacer mejor 31
Dios habla siempre en términos de vida: El es el viviente por excelencia. 32
La tentación que más vacía neutra propia existencia es la de huir de los hechos, de la realidad concreta, prefiriendo el sueño; o incluso preferimos refugiarnos más allá del presente, evitando siempre encontrarnos con estos molestos antipáticos que son precisamente los hechos. 37
Todo aquel que afanosamente embaraza su mente y su espíritu en muchas preocupaciones, termina por no ser tocado por nada. La sencillez que Cristo exige es este espíritu libre de solicitud sobre lo que otros piensen de uno. 37
No basta con pensar una verdad, con verla claramente con el pensamiento, si luego no se halla el modo de insertarla en una concreta solución de vida. 39
Las ideas personales, como estímulos operativos para reanimar nuestra jornada, no se pueden dejar acartonar.
Somos como chispas que para prender en algo deben hallar rápidamente salida en su camino. Las ideas y las palabras por sí misas no son operativas. Las ideas no se pueden amortecer, hay que recogerlas rápidamente. tiene un arco de vida muy breve y hemos de apresurarnos a ponerlas en acto. 42.
Es preciso creer que cada uno recibe sus propias luces, aquellas que le son absolutamente necesarias. No es cierto que se den sólo a algunas personas privilegiadas.
No, porque el espíritu de Dios obra en todos con el mismo amor. Pero es cierto que la mayoría no se detiene a escuchar y menos aún a aceptar estos brotes de luz interior. 43
Ha llegado la hora de «ser», podríamos incluso decir, de «crear». En definitiva, la palabra verdadera habrá de ser nuestra propia vida.
Hemos de encarnar un testimonio, para ser como el «Verbo» o palabra de Dios, mensaje para el mundo en que vivimos. 45
Dios se llega a nosotros en el lenguaje perenne de los acontecimientos, del descubrimiento de nosotros mismos y del encuentro real con nuestra propia miseria. Dios habla siente en términos de vida. 46
Nunca hacemos bastante pro las personas próximas con las que estamos en contacto cotidiano cotidiano, sobre todo en lo referente a la confianza. 47
No conocemos nunca bastante a aquellos con quienes vivimos y que tienen necesidad de nuestra caridad-confianza. Quizá por estar siempre a nuestro lado, tal vez porque exigimos de ellos confianza (en vez de dársela), o quizá por aquella extraña conflictividad solapada que hace presa entre quienes viven juntos, lo cierto es que llegamos a olvidar este primer deber de caridad a nivel comunitario. 47-8
Ser capaces de posar los ojos siempre atentos, afectuosos y sinceramente preocupados sobre quien se cruza con nosotros en el vivir de cada día. 48
Ser capaces de hacer una cosa simple y buena, pero en continuidad, constituye un valor inmenso. 79
- La presencia de Dios
Dios nos e resigan a ser un simple objeto de nuestro pensamiento. 86
No hay nada fuera del misterio que pueda iluminarnos y que nos pueda hablar. 93
Si supiéramos de veras lo que significa vivir seríamos capaces de hace hablar incluso a los árboles. 99
Hay personas que se ahogan en el océano de los bienes humanos y espirituales que poseen; y no hallan el modo de poderlos «decir» ni de poderlo comunicar. 117
Saber recibir de los demás, saber enriquecerse de los dones de los otros, está todavía por aprender. Si tenemos que reprocharnos el ser avaros en el dar a los pobres, hemos de reprocharnos todavía más el ser avaros en saber recibir algo de ellos, el ser demasiado ricos. 117-8.
- La confianza en la realidad de amar
El amor tiene sustancialmente como elemento de base la confianza. 122
Loa amores más fuertes son los que nacen y se desarrollan en este clima de salvación recíproca. 123
A una fuente se puede ir para calmar la sed y también para enturbiarla. 129
No debemos ceder fácilmente a la tentación de la búsqueda intelectual para llegar el vacío existencial que crea en nosotros la falta de amor. 133
Aunque adultos, nos comportamos todavía como aquella niña pequeña: el deseo, el hambre de ser reconocidos y apreciados, crece sin cesar. 137
Para sentirnos vivos necesitamos de que los demás nos crean vivos, capaces de subir, de hacer algo valioso y nos presten su fuerza, 137-8
Nuestra relación profunda con los demás, depende en gran medida de la limpieza de alma que sepamos realizar en cada instante. 140
No hay que admirarse de que el amor desilusione. Está un poco en «su» naturaleza; o tal vez será más exacto decir que en la «nuestra». 141
Cada llama se consume ofreciéndose en donación. 141
«El conocimiento de la propia miseria, sin el conocimiento de Dios, produce desesperación; el conocimietno de Dios, sin el conoccimiento de la propia miseria, produce orgullo; el conocimiento de Dios en nuestra miseria establece el amor y éste es Jeús. Jesús es Dios en nuestra miseria». 145-6
Todos, de un modo u otro, hemos sido guiados por Dios a experimentar nuestra miseria, porque es allí donde podemos descubrir lo que Dios-Salvador quiere ser para nosotros. Pero si la conexión con El no se produce, entonces se produce el gesto de Judas: suprimirse. 146
«Mi poca confianza en Dios me hace desconfiado conmigo mismo». 147
Soldar nuestra confianza en Dios quiere decir abandonarse en El y, por tanto, hacer crecer, en nuestro quehacer de cada día, nuestra fe en El. 148
«Hemos comprendido que Dios puede tenerme de pie a un sin pies». 149
Tenemos una cabeza y pensamos que nuestras ideas tiene que afinarse, enriquecerse, para dar todo lo más sublime que hay en nosotros. Pero de pronto aparece Dios y nos hace servir que El mismo podría ser nuestra cabeza: nos embriaga de misterio. 149
Pedro, la samaritana, Zaqueo, la adúltera, los discípulos de Emaús… El desmostó una entera confianza a los que precisamente tenían una especial necesidad de crecer en ella (confianza). 152
Ciertos «instintos» espirituales, si se me permite expresarme así, ven mucho más en profundidad que cierta ciencia psicológica. 154
DE una situación negativa puedes aprovechar para vivificarte aún más (si encuentras la senda de la confianza) o aniquilarte (si quieres seguir el camino de la desilusión). 156
La vida se salva perdiéndose en otro, es decir, fiándose. 165
Dios no nos juzga tanto por nuestros actos aislados, buenos o malos, cuanto por el fondo de nuestro espíritu. 171
No se hace ningún servicio a Dios viéndole siempre en la tensión del juicio.
Hoy existe la tendencia a poner el acento en hallarse imperfecto y deficientes.
No se puede aceptar como un signo de buena voluntad, pues a la larga termina por desanimarnos.
Esa necesidad de reprocharse es una necesidad que nos hemos creado nosotros, no Dios.
Dos es mucho más indulgente y compresivo.
El nos ve en la realidad global y se inclina a darnos el aliento necesario, siempre que vean nosotros sinceridad de intenciones.
No le impresionan nunca los resultados y no pare nunca de ellos; en cambio, nosotros sólo tenemos esto delante.
El se ajusta, en cambio, a la realidad presente.
¡Cuánto tenemos que aprender de Dios! 172
Nunca se aprender lo suficiente en el arte de salir al encuentro. 176
- La alegría de vivir.
Debería ser normal ver el bien que nos hacen los demás no sólo por los regalos que nos ofrece, sino con su sola presencia. 178
Un alma es pura cuando en todo y para todos es perfectamente simple. 180
La confianza compromete a vivir en profundidad. La diferencia de penetración en la realidad cotidiana cuando se está dentro, en fase operativa, y cuando se consigue estar separado y un poco desde fuera. 181
Vencer el prejuicio de que «real» es sólo que vivimos material y físicamente. 182
En nosotros existen realidades que esperan salir a la luz para hacernos compañía. 182
Lo más importante es saber imponer el espíritu a la realidad con la que se entra en contacto. 182
Cuando nuestro ánimo está dispuesto para una determinada captación de valores sucede que a lo largo de la jornada surgen muchas voces, que como buenos amigos se hacen sentir. 183
La alegría es siempre indicio de hallarse en el justo camino lo mismo que la claridad del alba es señal de la presencia del sol.
Si falta la alegría, la paz y la confianza, quiere decirse que no hemos tomado el auténtico camino. 187
«También el amor tiene su peso. Es una rama que se rompe solamente cuando el pájaro que sostiene emprende el vuelo. Lo que más me hiere no es el hecho de qué te apoyes en mí, sino el que me abandones». Thibon, 197
- Escuchar cuanto existe.
Nuestra voluntad es el gran medio para conservar y actualizar los valores que nos impulsan a vivir. 208
Ser puros en toda escucha, genuinos y amantes es el gran milagro que nos ofrece el espíritu renovado por la confianza. . 212
Para vernos privados de la paz basta con que privemos a alguien de nuestra simpatía y de nuestra consideración. 215
Sombra sombría que puede ensancharse. Y no sólo has privado de luz a tu vecino, sino que has puesto también en tinieblas una parte de ti mismo. 216
Nuestros pensamientos absolutos en nuestro espíritu son como un velo ante los demás: no se ve ya la realidad exterior; no se ve a las personas como son, porque se las imagina siempre según ese esquema. 218
- Recrearlo todo.
Hemos de cultivar el estar siempre en disposición de apertura y de encuentro hospitalario.
Dios nos ha llamado a la plenitud de la verdad, puede querer que la enriquezcamos con contactos con otros que piensan de distinto modo que nosotros, o puede querer que la pongamos a disposición de ellos para hacerles reflexionar sobre ese bien que ha depositado en nosotros. 222
Si no trascendemos la realidad no la podremos recrear desde su sentido pleno. 225
Será provechoso volver sobre los propios pasos y sacar lecciones de la propia experiencia. 226
En el encuentro con la realidad exterior (cosas o personas) existe una primera reacción instintiva maniobrada pro el yo impulsivo.
Es más un fruto y consecuencia de cuanto lo exterior incluye sobre nosotros, que de cuanto nosotros somos capaces e imponer a la misma realidad exterior. Por eso la reacción del yo impulsivo no determina un acto humano de suyo, porque se trata de una simple reacción contra el influjo de lo exterior sobre nosotros.
Quien se deja simplemente determinar por una impresión externa, no actúa por decisiones de su espíritu. 227
Tenemos de tomar conciencia sobre esas «operaciones del instinto y ponerlas bajo el tamiz de la reflexión y purificarlas», 227
Hay personas que viven recogiendo impresiones negativas para luego descargarlas sobre los demás. 229
Existen personas serenas que tienen luz en los ojos. En cambio, existen personas que viven recogiendo tinieblas, borrascas y oscuridad. Es normal que cuando los tienes cerca no hagan más que lanzarte a la cara la propia mercancía. 229
La naturaleza misma de la verdad exige el coraje de una visión más profunda de las cosas, sin dejarnos nunca arrastrar por el furor de la lucha. 234
Ser buenos y ser fuertes van perfectamente de acuerdo y tanto es así, que para ser buenos es preciso ser fueres.
Cuando Jesús dice que hay que saber poner la otra mejilla y vencer el mal con el bien ¿no está indicando que para ser buenos es indispensable una notable dosis de fortaleza interior? 236
El prejuicio de quienes ven una contradicción está en el hecho de que conservan un horizonte muy limitado: ponen la fuerza en una perspectiva terrena, humana, tejida de instrumentos y modalidades nuestras. Dios, por el contario, mira al centro del alma y en un horizonte que va mucho más allá de estos días limitados y pobres. 236
Mostrarse grandes y fuertes en las cosas más humildes y ordinarias, como lo hizo El durante treinta años en el pueblecito aquél de Galilea. Intenta amar este modo de realizarse en lo pequeño y ordinario; aquí está la bondad, la santidad realizada con ánimo esforzado. 236
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[1] Ed. San Pablo, Madrid, 1980.
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