ALISTER HARDY, La naturaleza espiritual del hombre

Alister Hardy (1896-1985), fundador del Centro de Investigación sobre Experiencias Religiosas (RERC) es el nombre de este organismo fundado por sir Alister Hardy (1896-1985), zoólogo, obsesionado por la dimensión espiritual del ser humano. Recopiló muchos estudios que le llevaron a afirmar que son muchas las personas que han experimentado un poder benevolente no físico más allá del propio yo y distinto de él.

 Les dejamos unas líneas de este libro «La naturaleza espiritual del hombre»[1] . Obra provechosa para aquellos interesados en la conducta humana, en la espiritual y en la religión.

 

         Son muchas las personas que experimentan la conciencia de un poder benevolente no físico que se les manifiesta parcial o totalmente más allá del propio yo individual y mucho mayor que él. La experiencia de este poder es profunda, pero no siempre se identifica con la religión.  (en la contraportada).

         El amor de la vida, en todos y cada uno de los niveles de desarrollo, es lo que compone el impulso religioso. (19)

         Muchos que quizá no han leído a Durkheim con suficiente atención han crecido , a mi entender, que esta teoría de la religión es un manera de vincular simplemente la religión a una interpretación mecanicista de la evolución el hombre como animal social. Nada puede estar más lejos de la verdad, como queda claro cuando dice que «es necesario evitar la consideración de que esta teoría de la religión no es más que una simple reafirmación del materialismo histórico: esto desfiguraría nuestro pensamiento en grado extremo».  Explica luego que aun cuando contempla la religión como algo esencialmente social y cree que la vida social depende de su fundamento material, igual como la vida mental de un individuo descansa sobre su propio sistema nervioso, hay también lo que él llama una conciencia colectiva que es, dice, «algo más que un mero epifenómeno de la base morfológica, de la misma manera que la conciencia individual es algo más que una simple eflorencencia del sistema nervioso». Esta es en realidad su idea de Dios y aclara, en uno de los últimos párrafos de su libro, que considera que es un poder que está más allá del individuo:

         «La conciencia colectiva es la forma más elevada de vida psíquica, puesto que es la conciencia de las conciencias. Puesta fuera y por encima de las contingencias individuales y locales, ve las cosas sólo en sus aspectos permanentes y esenciales, que ella cristaliza en ideas comunicables.» (21)

         Tenemos en América los estudios psicológicos de Maslow (1964) que destacan la importancia de lo que este autor llama experiencia «cumbre», es decir, extática. (23).

         Soy un darwinista convencido. En realidad, fue la necesidad de reconciliar plenamente doctrina darwinista de la selección natural con la dimensión espiritual el hombre la razón de que, por espacio de treinta y cinco años, pospusiera el planteamiento activo de los problemas que presento en este libro. Pero después de reflexionar profundamente en ello y de consultar abundante bibliografía, llegué por fin al convencimiento de que ambos conceptos no son contradictorios. Estoy convencido de la verdad de la teoría de la selección, pero, como explicaré, no creo que toda la selección sea causalidad. Ni tampoco expreso mi acuerdo con el dogma injustificado de que la creencia en la teoría moderna evolucionista muestra que todo el proceso es de tipo materialista, que excluye toda posibilidad de un aspecto espiritual en el hombre (26)

         El hombre es un animal con una diferencia. Esta diferencia en su constitución es el resultado de la evolución extraordinariamente rápida del cerebro, que ha hecho posible una mente razonadora y el desarrollo del lenguaje; estas dos facultades han evolucionado mano a mano en un proceso único. (28)

         La rata no posee tradiciones, o si acaso muy pocas, como puede mostrarse alimentándola de tal forma que cada individuo, en sucesivas generaciones, quede separado de sus progenitores desde el momento del nacimiento. Si se hace esto, no hay «pérdida alguna de las costumbres propias de las ratas». No hace luego la observación de mayor importancia. «toda la estructura de la sociedad humana, tal como la conocemos», dice, «quedaría destruida en una sola generación si se hiciera con el hombre algo parecido». «La tradición», destaca, «es un instrumento biológico, por medio del cual los seres humanos conservan, propagan y aumentan aquellas características a las que deben su aptitud biológica actual y su esperanza de lograr todavía una mayor aptitud». (29-30)

         El futuro de la raza humana descansa ahora en la conducta del hombre mismo; en el tipo de tradiciones que transmite a las generaciones sucesivas. (30)

         Richark Dawkins, en su obra «The Selfish Gene» (El gen egoísta), de 1976, trata acerca de la transmisión e las ideas mentales a la generación siguiente. Peter Medawar, al reseñar este libro, describió a su autor como «uno de los más brillantes de la nueva generación de biólogos». Dawkins comienza con el origen de la materia viviente, posible gracias a la formación, en el pristino caldo químico de hace unos tres mil millones de años, de moléculas complejas estables que fueron capases de llevar a cabo copias de sí mismas en los átomos y moléculas circundantes. Fueron éstas las precursoras de las moléculas de ADN -los genes- a partir de las que ha evolucionado toda vida, desde la bacterias hasta el hombre, según el proceso de selección de Darwin. Los «genes egoístas» son aquellos que dan origen a las características corporal y de comportamiento que tienden a capacitar a determinados tipos de animales y plantas para una oportunidad de mejor de supervivencia. Pero no es la temática general de este libro la que aquí me interesa, salvo para notar con agrado que este autor contempla la evolución de la conciencia subjetiva como «el misterio más profundo con que se enfrenta la biología modernas». (30)

         «…para comprender la evolución el hombre moderno debemos empezar desechando el gen como la base única de nuestras ideas sobre la evolución.» (31)

         Prosigue el autor con su analogía para comparar la transmisión e las ideas mentales con las réplica de los genes y, de igual manera que los genes surgieron como moléculas replicadoras en aquel primitivo  caldo químico, así también habla de las ideas replicadoras, transmitidas de una persona a otras, como nuevas unidades evolutivas desarrolladas en el «caldo e la cultura humana». Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, dice, y por comparación con el gen sugiere, de forma una tanto peregrina, el término `mem’ (que, en inglés y otros idiomas, concordaría con `gen’ ). Y así describe:

         «Ejemplos de memes son las melodías, las ideas, los estribillos, las ropas de moda, el estilo de hacer ollas o de construir arcos. Así como los genes se propagan en el fondo común genético saltando de un cuerpo a otro por via del esperma o del huevo, así también los memes se propagan en un fondo común saltando de un cerebro a otro por vía de un proceso que, en sentido amplio, puede llamarse imitación…

        Consideremos la idea de Dios. No sabemos cómo surgió en fondo común de memes. Probablemente se originó varias veces por una `mutación’ independiente. En todo caso, es en realidad muy antigua. ¿Cómo se replica a sí mismas? Por la palabra hablada y escrita, y con la ayuda de la música y del arte. ¿Cómo se replica a sí misma? Por la palabra hablada y escrita, y con la ayuda de la música y del arte. ¿Cómo es que tiene este alto valor de supervivencia? Recordemos que `valor de supervivencia’  no significa aquí el valor de un gen en el fondo común de genes, sino el valor de un mem en el fondo común de memes. La cuestión en realidad significa: ¿Quién es lo que en la idea de un dios le da estabilidad y penetración en el entorno cultural? El valor de supervivencia del mem que corresponde a dios en el fondo común de memes proviene de su gran atractivo psicológico. Proporciona una respuesta superficialmente plausible o profundas y pertubadoras preguntas sobre la existencia. Sugiere que las injusticias de este mundo será corregidas en el venidero. Los «brazos eternos» sostienen un amortiguador contra nuestras propias deficiencias que, a la manera del placebo de un médico, no por ser imaginario deja de ser efectivo. Estas son algunas razones por las que la idea de Dios es rápidamente copiada por sucesivas generaciones de cerebros individuales. Dios existe, aunque sea en forma de mem con un alto valor de supervivencia, o de poder contagioso, en el ambiente que crea la cultura humana». (31)

         ¿No es posible que existan otras cosas en el universo, que sean tan reales justamente y tan importantes como las moléculas replicadoras, los genes, de las que dependa la evolución de esas máquinas fisicoquimicas, que llamamos el cuerpo de las plantas, los animales y el hombre? ¿No es posible que algunos de los llamados memes, por Kaekins, esté relacionado con otras realidades más profundas o que lo que llamamos Dios pueda ser tan real y tan misterioso como lo es la naturaleza de la conciencia? Este, en realidad, ha sido siempre mi punto de vista. (32)

         La conducta consciente desempeña una función de importancia cada vez mayor, en la evolución auténticamente darwiniana, a media que ascendemos a formas superiores de vida. (32)

         La realidad trascendente 

         Algunos autores han surgido que hay dos clases principales de experiencia religiosa: la numinosa, la conciencia de lo santo definida por Otto (1923), y la mística, la sensación de la inmersión del yo  en una realidad divina. Pero yo creo que este sentimiento de una realidad transcendente es mucho más importante que estos dos elementos citados, puesto que no sólo forma parte de ambos, sino que es el elemento esencial de otras muchas clases de experiencia espiritual. La cuestión la expresa bien Davis en su obra «Body as Spirit» (El cuerpo como espíritu, 1976),…:

         «Su estimación e que la diferencia fenomenológica entre adoración (culto) y contemplación, esto es, entre la experiencia huminosa y la identificación mística, es más importante que la semejanza fenomenológica de estos mismo hechos que tienen un foco trascendente. No estoy de acuerdo con esta afirmación. Para mí, el hecho de que ambas experiencias se relacionen con lo trascendente, aunque diferente concebido, es un rasgo mucho más fundamental que cualquier otra diferencia. Distingue y uno y otro tipo de experiencia de las experiencias humanas de otro nivel, sea intelectual, práctico, estético o moral» (195)

         Sí, seguramente lo fundamental es este elemento trascendente; esto es, la sensación de que hay una realidad espiritual que aparece puesta más allá del sí mismo consciente con la que el individuo puede entrar en comunión de una manera u otra (tanto si se le da el nombre de Dios como en caso contrario) es en realidad el rasgo más característico que puede dibujarse a partir del amplio número de informes que hemos recibido. (195)

         «En los comienzos está la relación… No hay `yo’ en si, sino sólo el `yo’ de la palabra primordial `yo-tu’ . Si se dice `tu’ , se dice a la vez el `yo’ del `yo-tu’ «.  (196)

         «La religión», dice Malinowski (1936), «hace que el hombre haga las más grandes cosas que es capaz de hacer». Ciertamente, la religión ha sido un elemento muy importante en la evolución del hombre en su fase social y en el desarrollo de la civilización. (198)              

         El fenómeno de la oración 

         El elemento de espiritualidad que constituye el núcleo de toda religión es el fenómeno e la oración. Es el canal de las relaciones «yo-tu». Una y otra vez nos escriben nuestros comunicantes acerca de su comunión con este poder, pero raras veces mencionan el uso del conjunto de oraciones hechas  -por más poéticamente  bello que pueda ser su lenguaje-  que forman parte de la liturgia de la religión institucional. Algunos pocos niegan el poder de este lenguaje para incidir en un sentido religioso, igual como podrían sentirse afectados por la música de la iglesia; las oraciones hechas en la soledad tienen, no obstante, otra función y son muy diferentes. (201)

         Así como la aparición del fuego físico fue uno de los grandes hitos de la aparición del hombre, así creo yo fue también el descubrimiento que éste hizo de la oración como un medio de encende y avivar una llama que encontró en sí mismo, una llama que, como un motor espiritual, le ha llevado a cada vez  más altas cimas. Que no lo eche a perder».

         Yo ciertamente creo que el fenómeno de la oración, tal como aparece en la experiencia del hombre, revela un hecho fundamental acerca de la naturaleza del universo y nos ilustra más sobre el misterio que llamamos Dios.

         Me parece que los efectos de la oración, las respuestas si uno quiere utilizar esta expresión, son por lo menos de dos clases. Puede ser que haya más, como algunas personas tendrán por cierto, pero séame permitido tratar de los dos que a mí me parecer ser los más sorprendentes: el general y el particular. (202)

         El efecto de la oración general es la sensación de recibir ayuda, fuerza y aliento, poder, y un gran ánimo para llevar a cabo lo que uno siente que vale la pena hacer para el bien del mundo y de los semejantes.  (202)

         El efecto de la oración particular es la sensación de recibir respuestas a toda clase de problemas personales variados y difíciles puestos ante Dios. Me parece mucho más difícil imaginar cómo puede ser posible esto, aunque creo que hay pruebas más que suficientes de que se trata de un hecho bastante común. Parece ciertamente que hay «una divinidad que labra nuestros designios, por muy toscamente que los desbastemos». (203)

         La respuestas a nuestros problemas particulares de tipo individual buscadas en la oración no acontecen siempre al instante y la solución que por fin desciende sobre nosotros no es, unas veces si y otras no, exactamente aquello que esperábamos. (203)

         Parece probable que las soluciones de nuestro problemas individuales está siempre dentro de nosotros, el caso es lograr alcanzarlas, y que el acto de la oración las eleva a al superficie (204)

         Una fe experimental

         Sin pretender aparecer excesivamente fundamentalista, pues este libro no es lugar para ello deseo ahora sugerir que la espiritualidad del hombre podría aumentarse en el futuro por lo que denomino una fe experimental. Quiero en este caso emplear las palabras experimento y experimental de un modo particular, en realidad en su significado original antes de que la mentalidad moderna las asociara con los métodos de la ciencia. El primer significado que da a la palabra «experimental» el Concise Oxford Dinstionary es: «Basado en la experiencia, no en la autoridad o conjetura». Siendo así, ¿no sería mejor  -puede alguien decir-  hablar de una fe experiencia para evitar la confusión con la connotación científica? Mi respuesta es «no», porque la fe en que eso pensado es una fe que se basa no sólo en la experiencia ene general, sino que es además, en parte, parecida a la que describe el primer significado que da el mismo diccionario de la palabra «experimento», esto es, «una prueba, un ensayo o procedimiento adoptado con la esperanza de que algo  suceda». «Qué concepto más pobre de la fe», puede decirme con razón la persona que cree, y yo debería concederlo si esto fuera todo cuanto puedo decir acerca de la fe: pero esto no es todo lo que quiero decir. Para que se convierta en una fe auténtica, la palabra «esperanza» de la definición debe cambiarse por «certeza» que aporta el verdadero experimento que ha tenido lugar. No me refiero a la fe que se funda en una oración que se emprende, por así decirlo, precisamente con la remota esperanza de que algo pueda suceder. Quiero decir una oración emprendida por un agnóstico un ateo que, habiendo estudiado nuestros relatos de estas experiencias, se sienten luego dispuestos, con profunda sinceridad, a intentar la búsqueda por un período, digamos, de por lo e menos seis meses. Podrá tratarse de una oración que empezara más o menos de esta manera: «Dios, si es que hay Dios, ayúdame a encontrarte y, después de haberte encontrado, ayúdame a tener la fuerza y el coraje de hacer lo que creo es tu voluntad. » Algo infantil, ¿no? Si por que creo que ésta es la esencia biológica de la cuestión. (206)

         El aspecto espiritual del hombre no es un producto de lo intelectual. El desarrollo de la mente, ahora tan fuertemente incluido por los logros de las ciencias físicas, ha tendido a desvalorar, como si se tratara de un pensamiento infantil, esta tan profunda actualidad de la vida. Es justamente algo infantil porque es incluso más fundamental para la vida que esta reciente innovación e la mente. De este signo fue también la enseñanza misma de Jesús que nos ha llegado: «Os aseguro que quien no recibe como un niño el reino de Dios, no entrará en el» (Mc 10,15). (206)

         William James:

                 «Resumiendo de la manera más amplia posible las características de la vida religiosa, tal como las hemos visto, podemos destacar las siguientes creencias:

      1. Que el mundo visible es parte de un universo más espiritual, del que toma su sentido más hondo;
      2. Que nuestro verdadero fin es la unión o relación armoniosa con este universo más elevado;
      3. Que la oración la comunión interna con el espíritu de este universo  -sea este espíritu «Dios» o la «ley»-  es un proceso en el que realmente se da activo, y que la energía espiritual  fluye y produce efectos, psicológicos o materiales, dentro del mundo fenoménico.

              La religión incluye también las siguientes características psicológicas:

      1. Un nuevo entusiasmo que se añade como un don a la vida y toma la forma de un encantamiento lírico o de una llamada a la sinceridad y al heroísmo.
      2. Una garantía de seguridad y el temple de la paz, y, en relación con los demás, el predominio del amor.» (207)

 

[1] Herder, Barcelona, 1984.

 


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