Esta personita que ven en la foto, que mide dos centímetros a las doce semanas, es la que se destruye cuando se aborta. Quien lo vea reflexivamente no podrá negar su condición. Al igual que ninguna mujer que va abortar niegue a lo concebido en su seno cuando lo ve en la ecografía u oye el latido del corazón del ser al que pretender eliminar (esto lo evitan los que se lucran con ello).
De la sociedad no hay colectivo, asociación, gremio, institución, ONG, partido político, etc., que real, verdadera y decididamente defienda al nasciturus a excepción de los cristianos y especialmente la Iglesia católica. Fuera del posicionamiento sin fisura de la Iglesia, no existe la defensa de la vida a no declaraciones individuales y parciales… del mundo de la medicina, la ciencia, etc. ¡Resulta penoso! Esta complacencia o pasividad ante el aborto, en un futuro quizá traiga aún mayores y sangrantes consecuencias. Tan solo es cuestión de que se den las circunstancias (por ejemplo, una superpoblación, y otras) y se posean los medios (medicamentos, vacunas, etc.). Es decir, hacer cumplir las medidas totalitarias de control de la población, incluyendo abortos forzados, programas masivos de esterilización llevados a cabo a través del suministro de alimentos y agua, así como implantes corporales obligatorios que impidan a las parejas tener hijos. Encubierto en un buen propósito como el de la «paternidad responsable» y que los hijos tengan un hogar adecuado, se intenta colar, imponiendo, la “planificación familiar” (también conocida como aborto) a los servicios de salud de rutina para el propósito de “poner freno a la cantidad de personas, en los países menos adelantados” (países menos desarrollados). De momento, se fuerza en contra de su voluntad a países pauperizados a asumir políticas de control de natalidad impuestas por el Nuevo Orden Mundial (NOM), con la estrategia de retener la ayuda humanitaria. Cuando se traba de derechos humanos no manda la mayoría sino la razón y, sobre todo, la conciencia. Aunque el 99% de los votantes de un parlamento deciden que el concebido pero aún no nacido pueda ser exterminado, sin cometer delito alguno; hay que mantenerse moralmente en rebeldía y proclamar firmemente que, en la media de mis posibilidades, no respetaré la muy democrática decisión. Defender la vida se ha convertido en algo peligroso: si te opones al aborto te tachan de reaccionario cavernícola e incluso pronto te podrán acusar de ser un enemigo de la humanidad, un ilegal, que se opone a la legalidad vigente. Al respecto, y de momento, no puedes objetar de conciencia en la profesión médica… Con el tiempo, no tardando, acabará convirtiéndose lo que ahora es un derecho -el de poder exterminar impunemente al nasciturus incómodo-, en una obligación, con el argumento que es por el bien propio y por el bien común, social y de la humanidad entera. Ya lo verán. El Mal no tiene límites y no carece de «buenas razones» que justifiquen llevar a cabo sus propósitos. La solución a situaciones complicadas no es la más drástica, como se da con el aborto, hay otras soluciones ¡y muy loables! Si no se quiere tener el hijo que te viene a complicar la vida, lo mejor es darlo en adopción. Con ello se consiguen tres cosas: hacer feliz a una pareja que desea adoptar, salvar la vida del bebe y el que la madre que no le aborta quede también a salvo de algo tan luctuoso que muy probablemente la perseguiría durante toda la vida, en forma de remordimiento y arrepentimiento.
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