Arma contra el Papa: Amoris laetitia

Arma contra el Papa: Amoris laetitia

 

Querer “reformar” la Iglesia vaticana representa sin duda alguna una tarea hercúlea. Implantar un nuevo estilo, renovar rostros, limpiar las estructuras y las formas de hacer las cosas, ganar en trasparencia, etc. supone encontrarse con desafíos y dificultades no fáciles de afrontar. Y si a todo ello, le sumas los problemas habituales del día a día, que van surgiendo, en una institución con las dimensiones de la Iglesia y en medio de un mundo siempre agitado, con todo tipo de intereses y controversias. Y, a más a más, les añades cuestiones teológicas como la suscitada por la exhortación apostólica Amoris laetitia. Y todo ello lo coronas con la acción del Maligno, que anda como león rugiente… 

Multitud los fieles que asisten con estupor e incredulidad cuanto concierne a la figura del Papa… Últimamente se ha suscitado la inquietud sobre si está al peligro de derrumbe del edificio de la moral católica, y no sólo eso, sino que hay quien se atreve a mencionar la palabra cisma (tan así que el cardenal Burke ha dicho al respecto:  “En nuestro pensamiento y acción no puede haber sitio para el cisma, que es siempre y en todas partes un error.” Pensar en ello es fruto de una “mentalidad mundana” y de “que la Iglesia está en nuestras manos y no en las de Cristo”.

 

La misiva “Una corrección filial ante la propagación de herejías” al Papa firmado por 62 personas, afirma que el Papa, a través de Amoris laetitia, como también por otras palabras, actos y omisiones que se le relacionan, ha sostenido siete posturas heréticas en referencia al matrimonio, la vida moral y la recepción de los sacramentos.

 

Es una demasía el acusar al Papa de 7 herejías. No hay caso. Porque -con trazo grueso- no hay tales herejías, pues en sí no hace referencia a cuestiones del Credo, sino a controversias morales (de una cierta complejidad).

¿Qué se pretende disparando con calibre tan grande -calificando de herejía- y tan alto -a la máxima representación de la Iglesia-? ¿Para qué y por qué tanto ruido, con todas las baterías de los medios de comunicación…?

 

Entre otros excesos, acusan al Santo Padre de haber “apoyado la creencia de que la obediencia a la Ley de Dios puede ser imposible o indeseable, y que la Iglesia debería, a veces, aceptar el adulterio como un comportamiento compatible con la vida de un católico practicante”.

 

Es obvio que el artículo ocho de Amoris Laetitia se presta a cierta confusión, pero de ahí a calificarlo de herético…

El mismo texto de Amoris Laetitia comenta sobre la posible confusión:

307.Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano.

308. Pero de nuestra conciencia del peso de las circunstancias atenuantes —psicológicas, históricas e incluso biológicas— se sigue que, «sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día», dando lugar a «la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible». Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad.

Hay críticos honestos a los que habría que aclararles dudas. Amoris laetitia no responde con un sí o un no rotundo a la posibilidad de que, atendiendo al caso concreto, las personas divorciadas vueltas a casar pudieran volver a comulgar.

 

No se puede comulgar en pecado mortal. Quien vive amancebado, en adulterio o arrejuntado, vive en pecado, y por lo tanto no puede comulgar. El adúltero impenitente (que no se arrepiente verdaderamente, pues no corrige su situación) no puede recibir la absolución y la Comunión. Y esto es inamovible y así de claro.

La norma normans (“la norma que norma”),  las Escrituras, el Nuevo Testamento, el Evangelio, es quien marca el terreno de juego. Y dice así:

Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio.”  (Lc 16,18).
“Quien come el Cuerpo de Cristo indignamente, come su propia condenación” (1 Cor 11,27).

 

Ahora bien, y aquí entra el tema de los casos concretos y situaciones complejas: si hubo o no sacramento eclesiástico; o puede darse que quien se haya divorciado y vuelto a casar (civilmente ambos casamientos sean civiles); o si tienen hijos con un cónyuge o el otro, implicaciones de terceros, responsabilidades con ellos;  o si la otra parte ha rehecho su vida, como para retornar y rehacer.., y no hay marcha atrás. Sin duda, hay situaciones muy complejas, sobre todo en los tiempos actuales, de tantas rupturas matrimoniales.

 

En moral existe el principio de que el ideal o lo deseable a la hora de plasmarlo en la realidad o sea de su práctica, existe una economía.  O lo que es parecido, lo ideal puede llegar a ser enemigo de lo bueno.

 

Por otra parte, se puede también ofender a Dios misericordioso, si se tiene un comportando de forma inclemente con estas personas e incluso cerrarlas las puertas de la Iglesia y alejarlas de Dios, y comprometer su salvación.

 

Ya hay quien ve en esto un signo de los tiempos: de pretender derribar al Papa para poner a otro falso, con su falsa Iglesia.

No sé si esto es así, pero lo cierto es que Satanás no está lejos.

 

Por lo demás, aunque la barca se tambalee y parezca que Cristo está dormido mientras la tormenta arrecia, demos por hecho que se levantará y pondrá fin a tanta maldad.

 

 

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