Asistencia a los presos

Asistencia a los presidiarios

Esta es una labor de siglos de la Iglesia Católica.

Ayer, 24 de septiembre, celebramos Nuestra Señora de las Mercedes. Patrona de los Presos. Una antigua tradición narra que en el año de 1218 la Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a socorrer a los que eran llevados cautivos a sitios lejanos. Esta orden sería la de Nuestra Señora de la Merced o de las Mercedes. La palabra merced quiere decir: misericordia, ayuda, caridad.

Nadie, excepto los familiares –y no todos-, se acuerda de esos “seres malditos” que se encuentran en prisiones. La Iglesia Católica desde antiguo se ha venido ocupando  de ellos, dispensando atención religiosa, social y jurídica; es decir, asistencia espiritual y material, dentro y fuera de la prisión (apoyo y acompañamiento a la salida de la prisión, en la desorientación de no saber qué hacer ni dónde ir…).

Según el Informe Anual de 2016 de la Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal, 2.711 personas recibieron atención en 67 casas de acogida durante sus permisos penitenciarios o tras la puesta en libertad, y otros 6.208 presos se beneficiaron de ayudas económicas.

El trabajo pastoral realizado por la Iglesia Católica en España es posible gracias a una amplia red de más de 2.000 voluntarios, de los cuales 1.918 trabajan dentro de las prisiones, y 421 fuera.

Esta labor maravillosa de la Iglesia no la habrán visto reflejada en la prensa. Si fuera algo vergonzoso que atentara la buena fama de Ella, seguro que estaría en primera página. Tristemente, esto es así. Se esconden los méritos y se airean y agigantan los defectos. 

Recordemos que a quienes ayudan a los presos les dirá Cristo en el día del Juicio: “Estuve preso y me ayudaste. Todo el bien que le hiciste a los demás, aunque sea a los más humildes, a Mí me lo hiciste”(Mt 25, 40).

 

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