Continuamos con la exposición de textos seleccionamos de la Biblia referente -según nuestro criterio- al fin de los tiempos. Hoy presentamos textos del profeta Zacarías, quien sorprendentemente profetiza con una lucidez extraordinaria -y no lo suficientemente apreciada- en los capítulos del 11 al 14.
Capítulo 2
[9]Y yo seré para ella – oráculo de Yahveh – muralla de fuego en torno, y dentro de ella seré gloria.»
[12]Pues así dice Yahveh Sebaot que tras la gloria me ha enviado
a las naciones que os despojaron: «El que os toca a vosotros a la niña de mi ojo toca.»
Capítulo 4
[1]Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño. [2]Y me dijo: «¿Qué ves?» Dije: «Veo un candelabro todo de oro, con una ampolla en su vértice: tiene siete lámparas y siete boquillas para las siete lámparas que lleva encima. [3]Hay también dos olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.» [4]Proseguí y dije al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué es esto, señor mío?» [5]Me respondió el ángel que hablaba conmigo y me dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.» [6]Prosiguió él y me habló así: Esta es la palabra de Yahveh a Zorobabel. No por el valor ni por la fuerza, sino sólo por mi Espíritu – dice Yahveh Sebaot -. [7]¿Quién eres tú, gran monte? Ante Zorobabel serás una explanada, y él extraerá la piedra de remate, a los gritos de «¡Bravo, bravo por ella!». [8]Me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: [9]Las manos de Zorobabel echaron el cimiento a esta Casa y sus manos la acabarán; (sabréis así que Yahveh Sebaot me ha enviado a vosotros). [10]¿Quién menospreció el día de los modestos comienzos? ¡Se alegrará al ver la plomada en la mano de Zorobabel! « Esos siete son los ojos de Yahveh: ellos recorren toda la tierra.» [11]Entonces tomé la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?» [12](Añadí de nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten de sí aceite dorado?») [13]El me habló y dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.» [14]Y él me dijo: «Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra.»
Capítulo 8
[22]Y vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a buscar a Yahveh Sebaot en Jerusalén, y a ablandar el rostro de Yahveh. [23]Así dice Yahveh Sebaot: En aquellos días,diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Queremos ir con vosotros, porque hemos oído decir que Dios está con vosotros.»
Capítulo 9
[9]¡Exulta sin freno, hija de Sión,
grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso,
humilde y montado en un asno,
en un pollino, cría de asna. [10]El suprimirá los cuernos de Efraím
y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de combate,
y él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar
y desde el Río hasta los confines de la tierra.
Capítulo 11
7 Apacenté, pues, las ovejas de matadero destinadas a los tratantes de ovejas, y me procuré dos cayados: a uno lo llamé «Gracia» y al otro «Vínculo». Me puse a apacentar las ovejas,
8 y me deshice de los tres pastores en un mes. Pero mi alma se impacientó con ellos y su alma también se hastió de mí.
9 Entonces dije: «¡No os apacentaré más; la que tenga que morir, que muera, la que tenga que desaparecer, que desaparezca, y las que queden, que se coman unas a otras!»
10 Tomé luego mi cayado «Gracia» y lo partí, para romper la alianza que Yahveh había concluido con todos los pueblos.
11 Quedó roto aquel día, y los tratantes de ovejas que me observaban supieron que era una palabra de Yahveh.
12 Yo les dije: «Si os parece bien, dadme mi jornal; sino, dejadlo.» Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata.
13 Yahveh me dijo: «¡Echalo al tesoro, esa lindeza de precio en que me han apreciado!» Tomé, pues, los treinta siclos de plata y los eché en la Casa de Yahveh, en el tesoro.
14 Después partí mi segundo cayado «Vínculo», para romper la fraternidad entre Judá e Israel.
15 Yahveh me dijo entonces: «Toma todavía el hato de unpastor necio.
16 Pues he aquí que yo voy a suscitar en esta tierra un pastor que no hará caso de la oveja perdida, ni buscará a la extraviada, ni curará a la herida, ni se ocupará de la sana, sino que comerá la carne de la cebada, y hasta las uñas les arrancará.
17 ¡Ay del pastor inútil que abandona las ovejas! ¡Espada sobre su brazo y sobre su ojo derecho; que su brazo se seque del todo, y del todo se oscurezca su ojo!»
Capítulo 12
[2]He aquí que yo hago de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos del contorno (durante el asedio contra Jerusalén). [2](y también sobre Judá). [3]Aquel día haré yo de Jerusalén una piedra de levantamiento para todos los pueblos: todos los que la levanten se desgarrarán completamente. Y contra ella se congregarán todas las naciones de la tierra. [4]Aquel día – oráculo de Yahveh – heriré de aturdimiento a todo caballo, y a su caballero, de locura. Y a todos los pueblos heriré de ceguera. (Mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos.)
[8]Aquel día protegerá Yahveh a los habitantes de Jerusalén: el más flaco entre ellos será aquel día como David, y la casa de David será como Dios, como un ángel de Yahveh, al frente de ellos. [9]Aquel día me dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén; [10]derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito. 11Aquel día será grande la lamentación en Jerusalén, como la lamentación de Hadad Rimmón en la llanura de Meguiddó.
Capítulo 13
[1]Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza. [2]Aquel día – oráculo de Yahveh Sebaot – extirparé yo de esta tierra los nombres de los ídolos y no se volverá a mentarlos; igualmente a los profetas y el espíritu de impureza los quitaré de esta tierra.
[7]¡Despierta, espada, contra mi pastor, y contra el hombre de mi compañía!, oráculo de Yahveh Sebaot. ¡Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, y yo tornaré mi mano contra los pequeños!
[8]Y sucederá en toda esta tierra – oráculo de Yahveh – que dos tercios serán en ella exterminados (perecerán) y el otro tercio quedará en ella.
[9]Yo meteré en el fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata y los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: «¡El es mi pueblo!» y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!»
Capítulo 14
[1]He aquí que viene el Día de Yahveh en que serán repartidos tus despojos en medio de ti. [2]Yo reuniré a todas las naciones en batalla contra Jerusalén. Será tomada la ciudad, las casas serán saqueadas y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad partirá al cautiverio, pero el Resto del pueblo no será extirpado de la ciudad. [3]Saldrá entonces Yahveh y combatirá contra esas naciones como el día en que él combate, el día de la batalla. [4]Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur. [5]Y huiréis al valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Yasol; huiréis como huisteis a causa del terremoto en los días de Ozías, rey de Judá. Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él. [6]Aquel día no habrá ya luz, sino frío y hielo. [7]Un día único será – conocido sólo de Yahveh -: no habrá día y luego noche, sino que a la hora de la tarde habrá luz. [8]Sucederá aquel día que saldrán de Jerusalén aguas vivas, mitad hacia el mar oriental, mitad hacia el mar occidental: las habrá tanto en verano como en invierno. [9]Y será Yahveh rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahveh y único su nombre!
[11]Se habitará en ella y no habrá más anatema: ¡Jerusalén será habitada en seguridad! [12]Y ésta será la plaga con que herirá Yahveh a todos los pueblos que hayan hecho la guerra a Jerusalén: pudrirá su carne estando ellos todavía en pie, sus ojos se pudrirán en sus cuencas, y su lengua se pudrirá en su boca. [13]Y cundirá aquel día entre ellos un inmenso pánico de Yahveh: agarrará cada uno la mano de su prójimo y levantarán la mano unos contra otros.
[16]Y todos los supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén subirán de año en año a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot y a celebrar la fiesta de las Tiendas.