Reflexiones sobre vivencias de fe (I)

Brevemente vamos a comentar algunas actitudes referentes a la vivencia de la fe; que de alguna manera nos han llamado la atención. Bien por desconocimiento o bien débil compromiso la fe en muchas personas se vive imperfectamente.

Esta fe imperfecta pone de manifiesto del porqué nos pasa lo que nos pasa o estamos como estamos; es decir, del desarraigo generalizado de la fe o, cabría decir, apostasía silenciosa. Una fe poco consistente, asentada en una doctrina poco enraizada, en los momentos actuales donde arrecian las dificultades y se ve puesta a prueba corre el riesgo de volatizarse.

Hoy que se cumple una semana de la Marcha por la Vida, una de las personas que nos acompañaban comentó: «mi marido no ha venido, pues ha tenido que ir con nuestro hijo a un partido de futbol para el que ya previamente tenían las entradas».

A nadie del grupo llamó la atención; quizá porque todos de alguna manera participamos -inconsciente o , por mejor decir, naturalmente- de esa lógica mundana. Pero pensándolo bien hemos de decir que ¡qué oportunidad ha perdido ese padre para darle a su hijo la mejor catequesis de su vida! Poniendo por encima de todo la voluntad de Dios, al gusto o capricho propio. ¿Qué es más importante: un partido de futbol de aficionados, que ocurre todos los fines de semana, o una manifestación por la vida, una causa tan noble y que acontece una vez al año?

También respecto al tema de la Marcha por la Vida, de las muchas personas -de misa diaria, incluso- que conocemos del barrio y de las varias parroquias de la zona, incluidos una veintena de sacerdotes o religiosos, no vimos a ninguno de todos ellos ni nos consta que estuvieran en la manifestación, y eso que ésta trascurría próxima. Lo cual da qué pensar de la calidad y la profundidad de la fe.  Quizá alguno de ellos pensara al modo de esta anécdota -parábola-:

 

      En una iglesia situada en un barrio populoso de las afueras de la ciudad, el cura párroco preparaba el altar para la misa matinal cuando vio entrar a su coadjutor con una venda que le cubría parte de la cabeza.

        —¡Hombre, Miguel! Pero, ¿qué te ha pasado?

        —Pues,… que acudía ayer tarde a la manifestación que tuvo lugar en el centro de la ciudad, y mira, las fuerzas antidisturbios me hirieron. Pero, bueno, ya estoy bien. No ha sido nada, a Dios gracias.

        —Ah, sí, la manifestación. Según las noticias fue todo un éxito de convocatoria de público. La causa lo merecía, ¡es una injusticia que haya tanta gente…!, !es lamentable que ese tercer mundo se esté muriendo de hambre y que aquí en el mundo desarrollado se de tanto derroche!…

        —No fuiste, ¿verdad?

        —No. Estuve aquí rezando. Rece por esas pobres gentes tan miserables y… porque a la manifestación asistiera mucha gente y tuviera el éxito que ha tenido.

…..

Cuántos rezamos para que una causa tenga éxito, para que Dios mande a ella a mucha gente; pero que no nos mande a nosotros.

Es mucho más cómodo quedarse rezando por una causa justa que comprometerse con ella, e infinitamente menos peligroso.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.