Últimamente uno se da cuenta de que cada vez son más los católicos que están dejando de sufrir en silencio y no se callan ni debajo del agua. Nuestros fieles, siempre tan comedidos, tan respetuosos con lo que decían sus sacerdotes, tan confiados en que todo iba por buen camino, se empiezan a echar al monte y cuando algo no les cuadra simplemente se ponen en jarras, como una Rafaela cualquiera, y cantan las verdades del barquero a cura común, párroco de campanillas, vicario episcopal y de ahí hasta donde haga falta.
Antes sus quejas no pasaban de la sacristía ni tenían otra consecuencia que el monumental cabreo del criticado. Si alguna vez el fiel decidía llegar a más altas instancias lo más que podía esperar era un acuse de recibo con una bendición tan fácil como gratuita.
Los fieles llevan años que han optado por la denuncia y el cacareo allí donde sus quejas son más fáciles de hacer llegar y mayor repercusión tienen: las redes sociales. Lo de la “pseudo boda” gay del pàsado sábado en una ermita dependiente de la parroquia de san Bernabé de El Escorial tuvo efecto fulminante.
Me cuentan que ayer hubo movida en una de las charlas cuaresmales programadas por la parroquia del Santísimo Redentor de Madrid, regida por los padres redentoristas. La verdad es que tanto la ponente, la periodista Ana Pastor, como el título “Violencia de género y dignidad humana” barrutaban tormenta. No es fácil de explicar la elección de la ponente ni desde luego el tema de la charla.
El caso es que se lió. No ocurrió nada del otro mundo, simplemente que hubo quienes pidieron explicaciones, que se plantearon preguntas donde se ponía de manifiesto la manipulación, y que, en aras de su personal libertad de expresión, hubo quien recriminó al párroco directamente la elección de la ponente y que defendieran en definitiva la ideología de género que es, cuando menos, algo muy contestado en el seno de la Iglesia católica, cuando no rechazado de plano.
Tremenda la reacción de los asistentes que simplemente dijeron a esta persona que se fuera, a lo que supo responder diciendo algo tan obvio como que la Iglesia es de todos. El mundo al revés. La Iglesia es de los que defienden la ideología de género a la vez que pretende expulsar a los que buscan unas charlas cuaresmales católicas donde se exponga la doctrina católica. Ya ven qué rareza.
A lo que vamos. Aparte de Ana Pastor, aparte del tema de la charla cuaresmal, la clave es que en la Iglesia cada vez nos van quedando menos fieles, pero justamente los que se quedan son los más aguerridos y los más hartos, que estos fieles, hartos de escuchar lo del diálogo, el respeto y la moderancia (sic) que decía un viejo conocido de un servidor, exigen también dialogar, ser escuchados y que se respeten sus derechos como católicos, y que ha llegado un momento en el que ya no se conforman con rezongar por lo bajinis, sino que han dado el paso de la denuncia pública en redes sociales y están comenzando a poner pie en pared y soltar cuatro frescas en público a quien haga falta. Como ayer.
Tomen nota, señores.
Jorge González Guadalix, cura párroco.
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