
- Todos nos salvamos a través del influjo de la gracia de Cristo, que nos abre a la vida divina; se sea consciente o no de ello, se esté o no explícitamente incorporado a la Iglesia. Por la gracia de Resurrección Cristo nos invita al cielo, a la vida eterna con El.
- El bien no lo hacemos por un sentido mercantil de intercambio, con vistas a una recompensa. Aunque si esta es de tupo trascedente; es decir, sostenido en la virtudes teológica de la esperanza, de confianza en la promesa de Dios, de una recompensa en el cielo, como compensación en la hora del juicio de obras malas.
- La buena voluntad por si sola no es suficiente, si esta no está bajo el influjo de la gracia de Cristo.
- Uno madura siendo selectivo, a base de renuncias, de desapego. Lo primero a saber es que no se puede tener todo. Vivir sobriamente es fundamental, sabio y santo. En la renuncia se ejerce el dominio de uno mismo y si se hace como «sacrificio» (haciéndolo sagrado), es decir, dedicándoselo a Dios, por amor a Él, una cosa pequeña se hace grandiosa, y posibilita que las gracias que Dios está dispuesto a derramar en beneficio de gente anónima, lo lleve a cabo.
- El que no vive según la fe, acaba con ella. La fe es un tesoro que se puede perder. Hay que cuidarla, cultivarla, vivirla. La fe es un don y una tarea. Hay una responsabilidad grane por parte de a quien le es dada. Todo aquel que ha tenido, por medio el medio que sea, noticia de Dios, del Evangelio, de la Buena Nueva, ya ha tenido una invitación, por débil que sea, a abrirse a recibir fe.
- El camino de la fe no es un paseo, sino que es exigente, a veces arduo. La fe «complica» la vida. Seguirlo es sencillo, pero cuesta; y hoy somos complicados y comodones; de ahí que se la rechace.
- El mundo es más de lo que es. Hay un lado invisible de lo real. «Lo visible tiene una causa invisible». (Heb 11,3). Asumir esto como tal, requiere de la gracia.
- La experiencia propia, singular, puede ser limitadora. ¿Quién sabe más del vino, un borracho o un etnólogo que no se ha emborrachado nunca? Muchas veces se dice a un moralista que no es válido en su saber, por amplios estudios de ética que tenga, si no ha tenido una experiencia personal sobre el tema que trate desde la perspectiva moral.
- Hay cosas que no se resuelven con esfuerzo humano (y casi nunca, cualquier cosa, solamente).
- No inventemos cosas, que el Señor ya lo dejó todo bastante claro. La doctrina de la fe de la Iglesia no hay que reinventarla; por pretender vender un producto del consumidor de hoy día apruebe, no hay que reinventarse en su Verdad.
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