La elección del Santo Padre León XIV como dijera hace unos días el card. Müller se explica porque ha sido obra del Espíritu Santo. Así lo creemos nosotros también.
“Mucho puede la oración insistente del justo” (San 5, 16). La oración persistente de la persona piadosa, como el ayuno, como el sufrimiento hecho sacrificio (sacrificar: hacer sagrado; apartado, ofrecido a Dios), tienen mucho poder. Entre otras razones: porque Dios lo quiere, lo ha querido y dicho; en muchos pasajes de las Escrituras así lo ha manifestado. Hay otras razones (pero por no alargarnos, añadamos una): Dios quiere a la hora de actuar su bien sobre los hombres, su cooperación, su participación en la acción de la gracia: ¡cuántas veces llueve porque una viejecita en un rincón oculto —por ejemplo, de la altiplanicie boliviana— desgranaba las cuentas de su desgastado rosario… Algo que solo Dios conoce, y que da frutos secretos…!
Quién sabe si esta acertadísima elección por parte del Espíritu Santo del papa León XIV se deba en parte a fieles como el que acabamos de mencionar. Me viene a la mente la anécdota[1] de la vida de Dorothy Day: Fue a Roma durante el Concilio. Varios años después, cuando me encontré con ella en Roma, le pregunté qué hacia ella mientras las sesiones del Concilio. Me dijo simplemente que había tomado un cuarto pobre en un rincón de Roma por diez días estuvo en oración y a pan y agua por el Concilio. ¡Esto fue todo lo que hizo! Luego se volvió a Nueva York en un barco de carga. Puede que fuera ésta la razón de que el Concilio fuese tan positivo. A los ojos de Dios, ¿quién sabe?
En efecto, parece que todo el mundo en la Iglesia está encantado con la elección de este nuevo Papa. Todos son parabienes.
Aunque este estado de gracia no sabemos cuánto va a durar. Se supone que apabullados por el clamor popular, los disidentes pro sinodalistas hasta las trancas, progres, masones, ecosisncretista, ecumenistas sin matices, buenistas, amigos del mundo, etc., —que de todo hay en la casa del Señor—, guardan achantados su momento.
La unión de los dos sectores o visiones de la Iglesia es como la cuadratura del círculo. Con el camino emprendido la sinodalidad, especialmente en Alemania, la unión de toda la Iglesia sin que desemboque en cisma está difícil.
La sinodalidad como escucha está bien, y la Iglesia lo viene practicando en los consejos pastorales, económicos, etc., pero de ahí, de pasar de ser consejos, consultivos, a pasar a ser deliberativos, decisivos, es otro cantar: tomar decisiones —y más y sobre todo— en aspectos doctrinales y morales, dejaría de ser una Iglesia jerárquicamente constituida por Cristo, para ser una especie de democracia en que la mayoría de los votos se decide todo. Esto va en contra del Evangelio, de la Tradición y de la doctrina de siempre y verdadera, que acabaría con la unidad de la Iglesia.
La referencia del Papa León a San Agustín, que no estaba contagiado de los errores del falso ecumenismo y de la “sinodalidad”, y del que eligió como lema episcopal es «In Illo uno unum»; como dijera el santo agustino: «aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno».
A esta vocación por el vínculo de todos en Cristo del papa León XIV, hay que tener en cuenta otras aptitudes que le hacen propicio para guía la Barca de Pedro: especialmente su vocación misionera, su afán por llevar el Evangelio, el conocimiento de Cristo a tierras lejanas, a seguir el mandato dado por el Señor, de ir y predicar el Reino hasta los confines de la tierra. Otras cualidades son proximidad con los desfavorecidos, lo que el ha vivido con su comunidad en Perú; al elegir el nombre de León pensando en su predecesor León XIII, está dando un mensaje de su inquietud ante un clima social con reminiscencias a las que vivió, de cambios sociales y laborales, algo a lo que él en la actualidad tenga que dar una respuesta desde la antropología cristiana, pues con la inteligencia artificial y la industria teológica el mundo se encamina hacia una conflictividad social y hacia un nuevo paradigma incierto y ante el que la Iglesia tiene una palabra que decir, como la tuvo León XIII en su momento, con la Doctrina Social de la Iglesia.
Para todo ello, este nuevo papa elegido por el Espíritu Santo, sin duda, reúne la personalidad apropiada para este cometido, nada fácil. De momento, es sencillo, discreto, sereno, prudente, de sentido común; altamente cualificado, con estudios superiores en varias carreras (matemáticas, filosofía, teología, derecho canónico), es poliglota, inglés, español, italiano, portugués, habla y lee muy bien en latín, y se defiende en alemán e intelectual; ha manado en la filosofía de san Agustín y de santo Tomas de Aquino; tiene conocimiento del mundo en que le ha tocado vivir, recordemos que de General de la orden agustiniana por 12 años, ha que recorrió muchos países pues la orden está presente en 40 (España la visitó 7 veces); todo ello se complementa que es Estadounidense y que ha vivido estos tres últimos años en Roma y que se conoce la curia.
Para descubrir el poso intelectual, moral y espiritual de este nuevo Papa tan solo hay que ver sus discursos y homilías de estos escasos días para comprobar la grandeza que alberga. Personalmente tras el primer día, al leer pausadamente su primera homilía en la misa de la capilla Sixtina, me dije: ¡aquí hay alguien especial!
Homilía del Papa León XIV en la Misa con los cardenales electores. Capilla Sixtina, 9-05-2025
Pero la cosa no es fácil. El horizonte del mundo y la Iglesia se torna incierto y hasta con un matiz apocalíptico. El camino a seguir es la oración, la unidad y la confianza en que Cristo guía a su Iglesia a través de la tormenta, paso a paso, con fidelidad.
Estas fueron palabras en la Homilia del cardenal Re en la Misa pro eligendo Pontifice:
“Estamos aquí para invocar el auxilio del Espíritu Santo, para implorar su luz y su fuerza, a fin de que sea elegido el Papa que la Iglesia y la humanidad necesitan en este momento de la historia tan difícil y complejo.”
Oración por el Papa
Señor, fuente de vida y verdad eternas,
concede a tu pastor un espíritu de valentía y recto juicio,
un espíritu de conocimiento y amor.
Que, gobernando con fidelidad a quienes le has confiado,
como sucesor del apóstol Pedro
y Vicario de Cristo, edifique tu Iglesia
como sacramento de unidad, amor
y paz para todo el mundo.
Amén.
…………………………………
[1] HUECK, C., Pustinia, Narcea, Madrid, 1980, p.80.
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