Optimismo ciego de la crisis epidémica

Son muchos los titulares de artículos y declaraciones de gente juiciosa -no siempre- que afirman cosas como que esto nos va a hacer mejores personas, más sensatas y menos frívolas, que sabremos apreciar la vida, que nos hagamos preguntas fundamentales, que elevemos los ojos al cielo, que se ore y aumente el tiempo dedicado a la oración, etc.

Según los datos que arroja internet el material que más se ha consumido en estas fechas de confinamiento -figúrense- ha sido la pornografía. Es como para echarse a llorar.

Otros incluso afirman que esto nos ha unido más y nos ha hecho más solidarios. Para ello se han promocionado cantidad de eslóganes que se cantan a «tuti plen» en el sentido de «resistiremos», «saldremos todos juntos», etc.

A estos decirles que, en fin, piensen un poco en todos aquellos, miles y miles de los que se han quedado, los muchos ancianos abandonados a su suerte, mientras se reservaban los cuidados a gente más joven. Estos, cuando estaban moribundos, nadie reparó solidariamente en ellos; ahora, cuando están muertos, ni se les recuerda n guarda luto por ellos. Y esto sin entrar en la ruina de muchos negocios y trabajos, que ya no volverán; de gente que realmente lo está pasando y lo va a pasar muy mal, pues lo que queda por venir…

Otros dicen que ha sido un castigo de Dios, para advertirnos, corregirnos, llevarnos a buen camino, o para ponernos a prueba. Pues, la verdad, tenemos nuestras serias dudas; Dios amor misericordioso se dedica a castigar a los malos en -especialmente- la cabeza de los inocentes, de los pobres, descartados, desahuciados, hambrientos, etc., como que no lo vemos claro que tal cosa sea así, y ni que aquellos a los que se quiere rectificar y convertir lo vayan a hacer, ajenos a todo  y especialmente al dolor de estos pobres miserables.

En fin, lo más claro que hemos tenido es un cúmulo de dolor, de miedo, de ruina, que ha afectado a los más desgraciados; que se ha perdido libertad, y que el pan eucarístico ha dejado de alimentar a los fieles…  

La conversión de un mundo tan decadente y materialista como el actual no va a venir sino por algo más potente y sobrenatural que una crisis epidérmica.

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