Los censores del bien y del mal

Estas plataformas y grandes tecnologías favorecedoras de la intercomunicación se han venido a arrogarse el papel de catalogadores de lo bueno y lo malo.

Esto nos lleva a pensar -desde el punto de vista de la fe, que es el que nos interesa- a aquello del paraíso terrenal cuando el Señor prohibió a los humanos por Él creados que no pretendieran comer del árbol del bien y del mal. Es decir, que no tuvieran la osadía -soberbia- de ponerse en el lugar de Dios y pretendieran decir qué está bien y qué mal. Al desobedecer y sobrepasar esa línea se revolvieron contra el Señor, y descubrieron el peligro a que quedaron expuestos de por vida: la debilidad -por pérdida de la gracia inocente- a las tentaciones del mal.

Estos medios -sus dueños, personas concretas- han decidido ser ellos mismos los guardianas del jardín del paraíso, y con “buenas razones” intervenir para que -según ellos- decir a los seres humanos qué es lo bueno, lo malo, lo correcto, lo odioso, etc. Han asumido el papel del Juez supremo y dictan sentencias condenatorias, censurando aquí y allá, en una soberbia suerte de creerse estar en posesión de la verdad y la justicia, lo que les daría derecho a imponerse a los demás, o sea, a todos (y todo, claro, por el bien de estos). Al menos, Dios permitió que el ser humano se equivocara; estos, ni esto.

Son numerosos los actos censores que han perpetrado estas big tech desde hace unos meses, y cada vez, van a más en su intervencionismo desenfrenado. A ellos no les corresponde este papel, la conciencia de cada cual es el que dicta lo moralmente bueno o malo, y más allá, en todo caso, está la Justicia, si se traspasa la ley. Y no cuatro de ustedes, como si fueran los amos del mundo. ¿O tal vez sean lo que en realidad abrigan, ser los dueños de la Humanidad entera?

Esta es la última tropelía: “YouTube cierra el canal de LifeSite, todos los videos desaparecieron por completo

Estas actuaciones totalitarias al amparo del Nuevo Orden Mundial, dejan ver de forma inquietante la patita (o zarpa) de la bestia.

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