La Misericordia salvífica de estos últimos tiempos

En el trance del fin de los tiempos, Dios, por su infinita misericordia, tendrá a bien manifestarse a la Humanidad, para convertirla y salvarla. Se mostrará «evidencialmente» a los ojos mortales de los hombres cuando tenga lugar el fin de los tiempos.

A la luz de las diversas revelaciones «privadas», la gran catástrofe que sobrevendrá sobre la tierra y sus habitantes a consecuencia del empoderamiento del príncipe de las tinieblas, que seducirá a la mayoría haciendo de este mundo un lugar de tinieblas, será precedida de manifestaciones tumbativas de la existencia de Dios, que constituirán un supremo llamamiento de la divina misericordia invitando a la conversión. Pues, como dice San Pedro, el Señor no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan (2Pe 3,9).

Esta catástrofe apocalíptica, llamada castigo, sucederá; no cabe duda. No sabemos cuándo, pero tendrá lugar, pues nos consta como Palabra de Dios. Sabemos al respecto que se darán por entonces signos (los signos de los tiempos); sobre los que hemos de estar ojos avizor.

La misericordia divina se manifiesta y manifestará en cuanto que no deja a la Humanidad al albur de los acontecimientos, sino que la cuida y cuidará; en que intervendrá para salvarla, aunque sea dolorosamente, con el castigo, contra los malos especialmente; y en que mientras tanto nos avisa y pone en guardia para que velemos.

El castigo vendrá, ciertamente, porque no es de esperar la conversión de todo el mundo, pero puede ser atenuado, disminuido». Dios, por su misericordia, ha querido que las dimensiones de la catástrofe pueda ser mitigadas por las plegarias y la penitencia; pero no puede ser suprimido. La Virgen Madre de Dios se afana en ello; en estos últimos tiempos se manifiesta continuamente avisando y urgiendo a la oración y el ayuno.

Flota en el aire de la gente de fe, de las personas más devotas, que algo está por suceder. Es como una intuición, un presentimiento o barrunto de que los acontecimientos históricos por los que transita el mundo, demandan una intervención excepcional del Cielo.

En los mensajes de Medjugorje María hace alusión constante a que estamos en un período de gracia y que debemos aprovecharla para nuestra conversión, porque luego será demasiado tarde. Es un período de gracia que está durando un siglo, luego del cual vendrá el Aviso mundial y el Milagro, y eventualmente el castigo, a condición de nuestro arrepentimiento.

De los diez secretos de Medjugorje: Los tres  primeros son avisos y la señal (milagro); los siete restantes son las copas del Apocalipsis. El séptimo, que no ha sido anulado sino disminuido, corresponde a la cuarta copa:  Tocó el cuarto y el cuarto derramó su copa sobre el sol: Entonces fue herida la tercera parte del sol, y le fue encomendado abrasar a los hombres con fuego. «No obstante, blasfemaron del nombre de Dios, y no se arrepintieron dándole gloria» (Ap 16,8-9).

Antes de la catástrofe del castigo habrá además un aviso contundente y también un signo evidente. Vamos a ver en el cielo una gran cruz roja en un día de cielo despejado, sin nubes. El color rojo representa la sangre de Jesús que nos ha redimido y la sangre de los mártires elegidos por Dios en el día de la oscuridad.

Esta cruz será vista por todos: cristianos, paganos, ateos, etc. y también por todos aquellos que están “preparados” (hay personas que no habiendo oído hablar del Evangelio tienen la voz de Dios inscripta en el santuario de su conciencia), los cuales serán guiados por Dios a Cristo. Ellos recibirán la gracia de interpretar el significado de la cruz.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.