La interminable persecución a la Iglesia Católica

Son muchas y constantes las andanadas contra la Iglesia. Algunas son reales y otras fake news, y en todo caso, siempre sesgadas, sectarias y exageradas; a la vez que se omiten las cosas buenas, que las tiene y muchas.

Para no alargar el artículo, el tema daría para muchas páginas, queremos circunscribirnos, por ahora, al ya manido tema de la pederastia, realizando varias consideraciones:

 

Al igual que ocurriera con la Inquisición el mundo anticatólico ha señalado a la Iglesia católica como la causante de tales viles tropelías, y así ha quedado en la historia, como la culpable de multitud de quemas de brujas, etc.; sin embargo, y como bien se sabe, la Inquisición católica fue la menos despiadada y la que menos barbaridades de las que se le achaca que cometiera. Algo por el estilo ocurre con lo de la pederastia: de los miles, cientos de miles, de casos, los cometidos por miembros de la Iglesia son mínimos. El mundo laico ¾que tanto acusa¾ no se hace responsable ni hace autocrítica de las infinidad de tropelías en ese sentido que llevan a cabo sus gentes; algo parecido ocurre con los cometidos por miembros de otras instituciones, colectivos, o confesiones (en estas, por ejemplo, de los abusos pastores protestantes nadie, del clero ortodoxo tampoco).

Ante el mundo la pederastia ha quedado asociada y vinculada con la Iglesia. Resulta sorprendente, pero así es. Cuando de cada 100.000 casos, apenas si llega al centenar los cometidos por el clero católico. Nos atreveríamos a decir que, si descartamos los casos debidos a un trastorno (invencible), la conducta es ejemplar; ningún colectivo puede mostrar una integridad mayor.

 

Sentimos de veras todos aquellos creyentes que se sienten avergonzados y alarmados por estas noticias tan despreciables.

Cabe decir en este sentido, que estas personas que cometieron esas tropelías son a la vez que verdugos, pobres victimas, a merced del Maligno, que valiéndose de su debilidad psíquica, emocional y de voluntad, caen en esas conductas monstruosas. ¡Pobre gente que ni las palabras de Jesús les contuvo de hacerlo: «Ay, de quien escandalizare a unos de estos pequeños; más le valiera que se colocaran una piedra de molino y se arrojaran…»!

En fin, los fieles creyentes no deben ser severos con el juicio sobre estas personas descarriadas. Solo Dios sabe de la responsabilidad de su corazón a la hora de imputarles…

La Iglesia debe vigilar más estrictamente la elección de sus miembros que han de testimoniar la fe que predican con el ejemplo. Lamentablemente, no puede ser ordenados sacerdotes que tengan tendencias proclives o sean susceptibles de ellas. Y de los ordenadores, a la menor insinuación…, hay que «apartarlos de la circulación».

Aún con todo, no faltará algún caso, aquí o allá, que sirva, por excepcional que sea (pues somos seres constitutivamente contingentes), como motivo de echar basura sobre la Iglesia. Haya paz. Esto es parte de la cruz; que mientras estemos transitando por este mundo terreno no dejará de existir; será interminable, para completar la pasión de su Señor y para ser reflejo de lo que Él fue.

 

Una observación última, en forma de pregunta: ¿Por qué coincidió el arranque de este furibundo y desmedido ataque con la promulgación de las capillas de la adoración perpetua eucarística, durante el papado de Benedicto XVI, y también con la caída brusca del protestantismo en los países occidentales (EEUU, Reno Unido, Alemania, Holanda, etc.)?

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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