Son muchas las personas que me escriben o me preguntan la razón por la que he dejado de intervenir en ‘tertulias’ radiofónicas o televisivas. Sin duda, se trata de personas cándidas que viven en Babia.
Hay gente –refiriéndonos a España– que odia a la Iglesia porque sí, sin más, sin razón aparente alguna. Les preguntas y no saben qué decir de esa malaleche. Pero existe, es real.