Ya desde el Génesis, se nos dice cómo el Espíritu Santo, junto con Dios Padre y Dios Hijo, aleteaba sobre las aguas, infundiéndoles Vida. Es así como esa fuerza creadora viene también a Re-Crear al hombre, que Jesús redimió y que por sus pecados y malas acciones, se había alejado de Dios. Nos permite comprender, con sus luces y dones, a dar estatura Divina que Jesús nos alcanzó.
El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad que procede del Padre y del Hijo, y que recibe la misma Adoración y Gloria, que con Su Aliento Divino nos da Santidad.
Es la presencia de Dios con nosotros, y en nosotros que por gracia divina Dios Padre nos concedió, para aspirar a la vida eterna.
Es la Unción Espiritual que devuelve la gracia original, y la estatura primaria al hombre, que tenía antes de la desobediencia de los primeros padres.
Fuerza invencible que nos comunica Vida en el Espíritu para darnos a entender y comprender la Divina Revelación de Dios, Uno y Trino a la vez.
En el Antiguo Testamento:
Como hemos dicho, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo y es el enlace de amor entre-ambos.
Dios, desde el Principio, nos hace otra Promesa más, pues ya nos había anunciado el envío del Mesías que nos daría la Redención, y esta Promesa es: “Enviaré MI Espíritu para santificar vuestras vidas en el conocimiento y experiencia del Amor de Dios”.
Así, en Jeremías 31, 21-24, Dios Padre nos dice: “Días vienen en que Yo haré con la Casa de Israel Nueva Alianza, pondré MI Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré. Yo seré Su Dios y ellos serán mi pueblo”.
En el Nuevo Testamento:
En Jesús se cumple la Promesa del Padre, hecha a nuestros primeros padres, Adán y Eva de enviarles un Redentor, y una vez realizado este Acto Supremo de Amor, de obtenernos la Redención por el Sacrificio y Resurrección de Jesús, es que estamos capacitados a recibir esa otra Promesa del Padre, de recibir el Espíritu Santo.
En Juán 15, 26-27, nos dice Jesús:
“Cuando venga el Espíritu de Verdad que procede del Padre y que yo enviaré de junto al Padre, Él dará Testimonio de Mí, y ustedes también darán Testimonio”…
En Hechos 1, 4-8; Jesús dice a sus Apóstoles que no se ausenten de Jerusalén, sino que aguarden la Promesa del Padre, les dice: “Ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo y serán mis testigos hasta los confines de la tierra”…
Aquí vemos como el Espíritu Santo, promesa cumplida de Dios, nos dará luces para comprender lo actuado por Dios en nuestro favor y así podamos desarrollarnos en el Amor.
Dentro de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo es la Presencia Santificante del Padre y del Hijo, que desea continuar modelando nuestro Espíritu a la Luz de la Verdad Revelada por el Testigo enviado por Dios, Jesús, el Hijo Primero y Único que nos ha traído la Salvación, la Redención, Signo inequívoco del Amor con el que nos ama Dios., aumentada con la Gracia de la Filiación.
Así, el mismo Jesús ratifica y precisa todas las Promesas anteriores sobre el Espíritu. Nos lo Revela como Promesa y nos habla de Su Presencia y de Su Acción Multiforme, y es así que en Juán 7, 39, nos dice: “Yo pediré al Padre y les dará otro Paráclito para que esté con ustedes siempre, el Espíritu de Verdad a quien el mundo no puede recibir, porque el mundo no lo ve ni le conoce. Pero ustedes le conocen porque mora en ustedes y en ustedes está”. Somos Templos del Espíritu Santo.
PENTECOSTÉS:
Y así vemos cómo en el Libro de Hechos de los Apóstoles, 2, 1-11; nos dice: “En el día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del Cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que aparecieron Lenguas de Fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos, se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les inducía a expresarse.
En esos días, había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: “¿No son galileos todos estos que están hablando?… ¿Cómo es que los escuchamos hablar en nuestra lengua nativa?…
Entre nosotros hay medos, partos, elamitas, otros venidos de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto o de la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma y judíos y prosélitos, también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las Maravillas de Dios en su propia lengua”.
BABEL – PENTECOSTÉS:
Y aquí podemos ver la acción del Espíritu Santo en los Apóstoles. Personas de distintos lugares e idiomas entendían lo que el Espíritu Santo les comunicaba por Su Acción en los Apóstoles: En Babel la soberbia del hombre les hace hablar distintos idiomas Nadie se entiende pues cada quien hablaba de sus egoísmos y soberbias. De lo que había en sus corazones No hay unidad ni humildad ni respeto a Dios. Solo soberbia al querer conquistar el Cielo por medios distintos a los de Dios.
En cambio, en Pentecostés, por la derrama del Espíritu Santo, todos los corazones están en comunión con Dios. Comunión = Común Unión con Dios y el mensaje que llevan en sus corazones puede ser comprendido por todos. Todos los escuchan hablar en su propio idioma Presencia de Dios.
…
DONES DEL ESPÍRITU SANTO:
Caridad, Paz, Alegría, Paciencia, Benignidad, Comprensión de los demás, Generosidad, Bondad, Fidelidad, Mansedumbre, Continencia y Castidad.
Y todas las obras que son hechas con gozo y paz en el Alma, es por la Luz del Espíritu Santo en nosotros.
Por: Margarita Gonzalez Fuente y texto completo: http://es.catholic.net/op/articulos/69573/espiritu-santo.html#