En defensa del papa Francisco (II)

Algunos acusan incluso al Papa actual de ser un impostor, de carecer de legitimidad… por no haber sido nombrado según los cánones establecidos.

Esto surgió ya inmediatamente, al saberse los nombres de aquéllos a quienes el papa Francisco concederá la púrpura nombrando cardenales de su pontificado. Se levantó el rumor de que el cónclave que lo eligió Papa sigue afectado por las sombras de un nombramiento dudoso.

Al respecto nos remitirnos a las palabras de Sandro Magister, para el que el Papa fue elegido en plena regla: » A causa de la total falta de fundamentación jurídica de estas suposiciones, también al querer dar crédito a las informaciones sobre las que pretende asentarse, se desvanece también el cuco – temerariamente agitado – del actual asentamiento sobre la cátedra de Pedro de un Papa dudoso. En todo caso, la doctrina canónica ha enseñado constante y coralmente que la «pacifica universalis ecclesiae adhaesio» es signo y efecto infalible de una elección válida y de un papado legítimo. Y de ninguna manera puede ser puesta en duda la adhesión al papa Francisco por parte del pueblo de Dios.»

Despejada la duda anterior, también queremos comentar lo siguiente, para aquellos que ven al Papa actual como un impostor, puesto poco más o menos que por el satanismo y que sería como el trailer del anticristo. Siguiendo en esto muy en la línea protestante de toda la vida. Al respecto hemos de decir:

Según estos, pues, en el cónclave, en la elección, 1º) el Espíritu Santo no estuvo presente, estaba ausente, había abandonado al Cuerpo de Cristo; 2º) los electores, cardenales (pertenecientes al clero que mejor que ha existo en la historia de la Iglesia, como es el actual) no estuvieron acertados, o sea, perdieron su santidad y ciencia, estaban bajo la acción del Maligno y no bajo la gracia divina y del Espíritu Santo; 3º) la oración de millones de cristianos tampoco tuvo efecto alguno, cayó en saco roto, no fue escuchada, fue inútil; 4º) Dios dejó pasar por acto fallido esta elección en un momento tanto importantísimo de la historia de la Iglesia y de la Humanidad, ¡así, como si tal cosa!…, en fin, y esto tras después de más de 200 años de papas excelentes y santos, se trunca bruscamente esa trayectoria, y Dios deja en este momento trascendente sin su asistencia…, sin un pastor que guie a su rebaño por cañadas seguras…

¡No hay quien se lo crea! Es más, queridos lectores creyentes, resultaría más fácil creer que Dios no existe, que creer que Dios haya tenido semejante despiste.

Mantengamos, firmes aunque el temporal arrecie y la barca parezca tambalearse, estamos en buenas manos. Mientras tanto, recemos, recemos sin desfallecer.

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