El Mito del Constructivismo

La búsqueda constructivista de la verdad no alcanza la verdad, porque no puede, ni quiere.

 

—La tesis constructivista

La tesis principal de la pedagogía constructivista afirma que el alumno debe descubrir por sí solo la verdad para que ésta sea significativa en su vida.
Asimismo postula que la manera en que el alumno descubre la verdad, no es recibiéndola del docente, sino buscándola por medio de la experiencia personal. En este proceso de descubrimiento autónomo el docente es solamente un acompañante, un motivador o un guía. Es el profesor, antes bien, el que aprende del alumno, ilustrado y edificado por su inocencia epistemológica, que le sitúa ante el objeto de su experiencia con libertad cognitiva, no coaccionada ni contaminada por tradiciones ni saberes previos.

En un contexto constructivista, la búsqueda de la verdad consiste en un trabajo personal o de equipo que parte de los intereses previos del discente, intereses que constituyen la motivación que anima el proceso. Lo importante no es que se alcance un resultado, sino que se produzca un proceso significativo de búsqueda. Porque es la experiencia misma de búsqueda lo que se considera productiva.

Para el constructivismo, el discente no tiene ningún tipo de obligación respecto al acervo de verdades heredadas, ni reconoce la existencia de un deber para con los saberes del pasado, ni cree que exista una deuda de gratitud con el saber de la generaciones precedentes
Su búsqueda de la verdad sólo es significativa si parte de su propia experiencia, y solamente a ella se debe. Por eso cree un derecho reclamarla y contrarreclamarla al Estado, si éste no se la garantiza.

 

 

—La tesis constructivista es falsa y nociva, irrealista e injusta.

 

Es falsa porque es imposible prescindir de saberes previos. Una sola persona no puede alcanzar por sí sola un grado de conocimiento que requiere siglos. Hay que apoyarse en las verdades que alcanzaron aquellos que nos precedieron, y caminar con ellos como sobre hombros de gigantes.

 

Es nociva porque abandona al sujeto cognoscente a su suerte, a merced de su razón ofuscada por el pecado, y sin otra brújula de orientación que las solas luces individuales y la propia naturaleza adámica, que fácilmente es persuadida por el error.

 

Es irrealista, porque el aprendizaje no se consigue así. Es un fracaso. Gran parte de cuanto sabemos nos es dado por quien tiene autoridad, porque sabe más, y potestad, porque tiene legitimidad para enseñarla.

 

Es injusta, porque es ingrata con la propia cultura, con la propia civilización, con el saber de las generaciones anteriores.

En definitiva, la búsqueda constructivista de la verdad no alcanza la verdad, porque no puede, ni quiere.

 

David Glez. Alonso Gracián

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1904300446-351#more37808

 

 


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