El martirio que no cesa

Hace una semana asesinaban, por decapitación como sucediera con san Juan Bautista o san Pablo, a la monja misionera de origen español Inés Nieves Sancho en la República Centroafricana.

Hoy sabemos que el número de sacerdotes católicos asesinados en lo que va de año se eleva a 10, de ellos 7 en el continente africano y los otros 3 en el americano. De continuar este promedio, se superara el número del año 2018, en el que fueron asesinados 18 sacerdotes.

Fechas atrás se produjeron los brutales atentados de Sri Lanka, en la que murieron 300 fieles que asistían a misa el domingo de Resurrección.

El día de Año Nuevo milicias islámicas Séléka atacaron una misión católica en la diócesis de Bangassou, en la República Centroafricana. Hubo decenas de muertos y unas 20.000 personas huyeron de la violencia.

A finales de enero se registró un atentado islamista contra la catedral de Jolo,  con 20 muertos y unos 90 heridos, en el sur de Filipinas.

A mediados de marzo, aldeas cristianas del estado nigeriano de Kaduna se vieron atacadas por miembros de las tribus nómadas de los Fulani, predominantemente musulmana, con más de 130 muertos.

A finales de marzo una escuela católica del estado federal indio de Tamil Nadu sufrió agresiones de nacionalistas hindúes extremistas, durante los cuales se produjo una auténtica cacería contra las religiosas que trabajan allí.

Ya sean religiosos o laicos lo cierto es que los cada vez más numerosos ataques contra cristianos de diferentes partes del mundo. Este año en curso es uno de los más sangrientos.

Todo ello sin contar las tantas formas de persecución que se producen a cerca de 400 millones de cristianos en tantos lugares de la tierra.

Observamos con gran preocupación que, lamentablemente, -y volvemos a lo ya lamentado en otras veces-, el mundo (organizaciones internacionales, medios de comunicación, gobiernos e instituciones políticas, etc. ) ni se molesta ni les parece importar que tal cosas estén sucediendo.

Según palabras del presidente ejecutivo de ACN Heine-Geldern: «Corresponde a los gobiernos y a la ONU trabajar por la paz, garantizar la libertad religiosa y evitar los ataques antirreligiosos. Por parte de las estructuras eclesiásticas es importante apoyar a los cristianos perseguidos a través de la oración y la ayuda activa, así como prestarles voz y rostro». «Esta es la misión de ACN desde hace más de 70 años, un trabajo que merece todo el apoyo y esfuerzo de cara a la creciente violencia contra los cristianos».

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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