(Texto preparado por el Santo Padre)
Queridos hermanos y hermanas:
El miércoles pasado, con el rito del Miércoles de Ceniza, iniciamos la Cuaresma, el itinerario penitencial de cuarenta días que nos llama a la conversión del corazón y nos conduce a la alegría de la Pascua. Comprometámonos a hacer de este tiempo un tiempo de purificación y renovación espiritual, un camino de crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad.
Esta mañana, en la Plaza de San Pedro, se ha celebrado la Santa Misa por el mundo del voluntariado, que vive su Jubileo. En nuestras sociedades, demasiado sometidas a la lógica del mercado, donde todo corre el riesgo de quedar sometido al criterio del interés y de la búsqueda del beneficio, el voluntariado es una profecía y un signo de esperanza, porque da testimonio de la primacía de la generosidad, de la solidaridad y del servicio a los más necesitados. A todos aquellos que están comprometidos en este campo les expreso mi gratitud: gracias por ofrecer su tiempo y sus habilidades; ¡Gracias por la cercanía y la ternura con la que cuidáis de los demás, despertando en ellos la esperanza!
Hermanos y hermanas, en mi prolongada estancia aquí en el hospital, también yo experimento el cuidado del servicio y la ternura de la atención, especialmente por parte de los médicos y de los agentes sanitarios, a quienes agradezco de corazón. Y mientras estoy aquí, pienso en tantas personas que de diferentes maneras están cerca de los enfermos y son para ellos un signo de la presencia del Señor. Necesitamos precisamente esto, el “milagro de la ternura”, que acompaña a quien está en la prueba, aportando un poco de luz en la noche del dolor.
Quisiera agradecer a todos aquellos que me manifiestan su cercanía en la oración: ¡gracias de corazón a todos! Yo también rezo por ti. Y me uno espiritualmente a cuantos en los próximos días participarán en los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana.
Juntos seguimos invocando el don de la paz, especialmente en la atormentada Ucrania, en Palestina, en Israel, en el Líbano y en Myanmar, en Sudán y en la República Democrática del Congo. En particular, he recibido con preocupación información sobre la reanudación de la violencia en algunas zonas de Siria: espero que cese definitivamente, con pleno respeto a todos los componentes étnicos y religiosos de la sociedad, especialmente a los civiles.
Os encomiendo a todos a la intercesión maternal de la Virgen María. ¡Feliz domingo y adiós!
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