Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos (Jn 15,13). «Amar significa dar vida, aumentar su vitalidad, dar y estimular al otro, a su ser» (García Morente).
***** Miguel era un adolescente algo melancólico, tímido y callado, que conservaba en secreto sus sentimientos hacia una compañera de clase. La chica no se fijaba en él, y siempre estaba rodeada de chicos que la cortejaban. Miguel era inteligente y muy capaz para los estudios; pero renunciaba a sobresalir por ser como lo demás, y para parecer accesible a María. Ello a su vez le permitía hacerse pasar —como cualquier otro estudiante— por quien no entendía algunos problemas, y con ese pretexto se acercaba a la mesa de María para que le aclarara dudas. Esa era la manera de aproximarse a ella, de contemplarla mientras ella le explicaba lo que él ya sabía. Luego guardaba esa notas matemáticas aclaratorias, y las conservaba como verdaderas cartas de amor. María tenía una dolencia cardíaca que repentinamente se agravó, y precisaba de un trasplante corazón. Era cuestión de unos meses. Por entonces sucedió que Miguel fue atropellado por un coche. El accidente fue mortal. Y tan sólo momentos antes de morir tuvo fuerzas para decir: «Quiero donar mi corazón a María». Nadie —ni siquiera María—entendió por qué lo hizo. …… Hemos comprendido lo que es el amor, porque El se desprendió de su vida por nosotros (1 Jn 3,16a). *****
Santo Tomás de Aquino define así lo que es amar: «Amare est velle alicui bonum»[1], amar es querer el bien para alguien. “En esto consiste, propiamente, amar a alguien: querer para él el bien. (…) En aquello que alguien quiere a otro, quiere el bien de aquél; consecuentemente, lo trata como si fuera él mismo, deseando el bien para el otro como para sí mismo”[2]. «Amar —decía Leibniz— equivale a buscar por uno mismo la felicidad del otro»[3]. Amar es procurar su bien, su felicidad. De manera concreta: Amar es asumir las preocupaciones del otro; como muy bien dice san Pedro Crisólogo: «El verdadero amor hace suyas las angustias del angustiado”[4]. Y J. Ortega y Gasset afirmaba que amar es estar continuamente dando vida, y «un estar ontológicamente con el amado, fiel al destino de éste»[5], “Amar una cosa es estar empeñado en que exista. Estarle continuamente dando vida, en lo que de nosotros depende, intencionalmente. Amar es vivificación perenne, creación y conservación intencional de lo amado”[6]. …..
En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo, que cae en la tierra, no muere, queda solo, pero si muere produce mucho fruto (Jn 12,24). Sin entrega a los demás no hay plenitud (cf. Vaticano II, GS 24,3). El ser humano se hace al darse a los demás. Pues como decía V. E. Frankl, la autotranscendencia es la base de la existencia humana: el entregarse a los demás, a una persona, a su pareja, al amor. “Cuanto más soy de mí mismo, y cuanto soy más yo mismo, más soy de los demás; de la plenitud de mi mismo me vierto a mis hermanos, y al verterme a ellos, ellos entran en mí” Unamuno[7]).
………………………….. [1] ST, I-II, 9. 26, 1. 4c. [2] Suma Teológica, I, c.20 a.1. [3] Escritos de filosofía jurídica y política, Ed. Nacional, Madrid 1984, p.107. [4] R. SIERRA BRAVO, Doctrina Social y Económica de los Padres de la Iglesia, Cía. Bibliográfica Española, S.A., Madrid, 1967,n.1797, p.875. [5] J. ORTEGA Y GASSET, Estudios sobre el amor, Espasa-Calpe, Madrid,1984, p.87 y 74 [6] Id, p.74. [7] Del sentimiento trágico de la vida, Sarpe, Madrid, 1983, p.289.
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