30 razones para creer

30 razones para creer

  1. Creemos porque ha sido así, con toda naturalidad, en todo tiempo y lugar, como lo demuestran los estudios sobre todos los pueblos de la tierra, desde siempre. No es locura: cuando creemos no decimos «dos más dos, cinco», sino que tiene una racionalidad, es decir, es razonable.
  2. Creemos porque da un sentido a la vida. El que exista Dios es el único relato de sentido.
  3. Creer responde a la esperanza al ansia de inmortalidad, de no desaparecer, de seguir viviendo, de eternidad. El ansia de infinitud y trascendencia sólo es saciado en Cristo resucitado.
  4. Creer satisface el anhelo de justicia (Horkeimer). Que se haga justicia a la vida y al mundo, que la injusticia no tenga la última palabra. Que sean reivindicados los perdedores, las victimas, los humillados… Que haya un más allá donde se premie a los buenos y se ajuste cuentas a los malos.
  5. Creer es una exigencia: «Se nos debe la luz por el dolor» (León Felipe)
  6. Creer es positivo: templa los nervios en las circunstancias de la vida; ya que, por muy complicadas o dolorosas que puedan ser, pasan a ser cosas penúltimas ante Dios y la eternidad, que son últimas, ante las que aquellas se reordenan, relativizando. Y siempre cabrá experimentar aquello de Jesucristo: «Vuestra alegría nadie es lo podrá quitar» (Jn 16,23).
  7. Creer aporta un consuelo por la desaparición de los seres queridos. Pensar que siguen viviendo… y que un día los volverás a ver.
  8. Creer nos mejora. Nos hace ser mejores personas. Nos ennoblece. Nos santifica.
  9. Creer realiza la religación. El mayor filósofo en lengua española en el siglo XX fue Javier Zubiri. Él dijo: «El hombre no tiene, sino que velis nolis, quieras o no, es religación” respecto de lo divino, o sea, la religión. Somos seres religados, religiosos, y en el creer se actualiza esa dimensión esencial que todo ser humano posee como constitutiva propia.
  10. Creer moraliza. «Si Dios no existe, todo está permitido»(Dostoyevski): Nada me impediría cometer cualquier barbaridad, si ello me favorece, y no existe quié me llame a responder de lo cometido.
  11. Los Evangelios son dignos de creerse ya que son el testimonio de personas que dieron sus vidas por ellos; quien testimonia lo que dice con sus sangre, no miente. Todos los apóstoles (excepto San Juan) murieron mártires y otros muchos díscipulos y seguidores de Cristo, a lo largo del tiempo. Nadie da la vida por una mentira.
  12. El testimonio de Jesús, ya por sí supone un humanismo prodigioso, que atrae. Su autenticidad admira y predispone al amor hacía esa figura. Lo que es ya un comienzo a creer en El.
  13. Creer es tener la certeza de lo auténtico y verdadero. La fascinación de la belleza, de la bondad…, hace exclamar «¡esto es la verdad!». Como Edit Stein, tras leer la Vida de santa Teresa.
  14. Creer es siempre más positivo que negativo. El On (ser), que la nada.
  15. Se cree en algo bien documentado, en calidad y cantidad. Miles de teólogos han estudiado y reflexionado a lo largo de siglos de historia. Al igual que existe el testimonio de miles de santos, místicos y contemplativos que han tenido experiencias místicas y revelaciones sobrenaturales.
  16. Creer es descubrirse heredero del legado trasmitido de una Tradición, consolidada con las obras y testimonio de tantos que los han precedido y dado el relevado de lo que se presiente sagrado. (Uno se admira al ver, por ejemplo, lugares que con una población de apenas 700 habitantes hace 500 años levantaron un templo tan conuimental como una catedral… Y así en muchos y muchos pueblos o aldeas, fruto de una fe poderosa). Llo gritan las piedras de nuestras catedrales.
  17. Creer es sentirse amado incondicional y tiernamente por un Ser que es Padre, y al que sientes agradercerle que así sea, y que estás aquí, vivo, por El, y que ha hecho y hará cuanto sea posible por salvarme.
  18. Los miles de milagros.
  19. Las numerosisimas experiencias más allá de la muerte.
  20. Las dos reliquias -únicas- no hechas por manos humanas: la sábana santa y la tilma de Guadalupe.
  21. La cantidad de hallazgos arquieológicos que han corroborado y demostrado que lo escrito en la Biblia acontenció y no miente.
  22. La convesión y hombres de fe que han sido grandes enimencias en el saber, en las ciencias, en el pensamiento, la filosofia, la antropología, el arte, la historia, etc. Habrá quien piense que también los ha habido en sentido contrario y también grandes personalidades. Si sin duda, que así es; pero esto no demuestran nada, si acaso su ceguera; encambio, aquellos evidencian lo que ellos si «vieron».
  23.  La rexperiencia única, secreta, real, inautida… de la paz profunda de la presencia del Señor en el Sagrario; que tras un tiempo en silencio, «cualquier persona puede percibir o sentir en lo más profuindo de su ser».
  24. Informáticamente probado el «teorema de Gödel», que concluía que en base a los principios de la lógica ha de existir un ser superior.
  25. Santo Tomás de Aquino explica las cinco pruebas de la existencia de Dios. La segunda y terce dicen así: , comprendidas así: Dios es la causa eficiente incausada, que es la imposibilidad de un progreso infinito, es la prueba de las causas eficientes del ser. La ultima fuente de toda necesidad, es necesario no por otro. Lo que no tiene en sí la razón suficiente de su existencia debe tenerla en otro: es la contingencia. Es la prueba por la contingencia de los seres perecederos.
  26. Creer como cristiano es creer que en nosotros hay una nostalgia radical de «amorosidad», amistad, hacia esa fuente de amor de la que hemos sido creados, Dios, «a su imagen y semejanza». Tan sólo es cuestión de dejarse llevar….
  27. La sed de infinitud y trascendencia. Esa sed, en definitiva, pone de manifiesto el grito del Espíritu en el corazón del hombre. Si existe la sed, es porque existe la fuente. Esta sed de Dios ilumina. Como muy bien y bellamente dicen los versos de Luís Rosales: “De noche iremos, de noche, sin luna iremos, sin luna, que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra”. Que están en sintonia con los versos de San Juan de la Cruz: » Que  bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche.»
  28. El creyente coherente con su fe posee dentro de sí un nuevo sentido que San Pablo llama el «sentido de Cristo» o el «Espírtu de Cristo», gracias al cual saboreamos experimentalmente el misterio de Dios y sus planes de salvación (Rom 8,1-27; 1 Cor 2,10-16). Quien lo ha experimentado, puede decir con Santa Teresa: «Sólo Dios basta».
  29. Cuando uno se plantea la pregunta vital de lo qué se busca cómo el fundamento que da sentido a su vida, y siente en su interior el resonar de estas palabras de Pedro a Jesús, como si fueran propias: «Señor, adonde iremos; sólo tu tienes palabras de vida eterna.»
  30. Y, en todo caso, sería mejor aposta por creer; pues si al final, no hay nada, no habrá ni decepción para los que creen; pero si lo hay, los que no creen se van a llevar un susto de muerte , (y yo no pienso estar entre estos).

Luis M. Mata

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.