***** Si llegaba algún mendigo después que se había repartido todo el pan, Tomás de Villanueva pedía a su madre que le diese la ración que a él le correspondía, como así lo hacía ella a menudo para probar la virtud de su hijo. Pero otras veces se lo negaba; entonces le pedía Tomas sus ración de comida como para comerla con sus amiguitos, pero era para darla de limosna. Estado un día su madre fuera de casa, llegaron seis pobres. No hallando nada que darles, fuese el santo niño adonde estaba una gallina con seis pollos que criaba, y repartió los pollos entre los pobres, dando a cada uno el suyo. Vino su madre, y pregúntale cómo había hecho aquello, respondió sonriendo: —Señora, no me sufrían las entrañas que los pobres se fuesen como habían venido. No hallando pan ni otra cosa que darles de limosna, les he dado un pollito a cada uno, y si viniera otro pobre, pensaba darle la gallina.[1] ***** |

