Sin Eucaristía, la destrucción

La verdadera batalla pasa inadvertida, salvo para aquellos que están conscientemente inmersos en ella. El gran éxito del mal no es sólo intentar pasar por bueno lo que no lo es, sino que sean los mismos “buenos” quienes se erijan en defensores de la abominación.

Lo que hoy está en juego en el mundo excede al pánico financiero, que no deja de ser un mero y  doloroso fruto del árbol que durante años se ha ido regando.

Porque la piedra de toque, el dique contenedor es otro. Y hay quienes denodadamente están tratando de demolerlo. Porque una vez demolido, todo será posible. Ese dique contenedor, esa piedra angular sobre la que se edifica la paz social, es la Eucaristía. Y de su “cuidado” depende todo. La verdadera batalla que hoy se está jugando gira en torno a la Eucaristía. Lo otro, siendo grave, es nada en comparación con la gravedad que supondrá la derrota eucarística. Porque la batalla hoy es encarnizada. Y quien bien lo sabe está haciendo todo cuanto puede por pisotearla. Y a fe que lo está logrando.

El trabajo es preciso, metódico. Y en el no caben juegos. Las tareas han sido repartidas, las actuaciones medidas, los cometidos diseñados. No hay lugar a misiones de francotiradores. Todo sigue un proyecto claro y nítido. Del mundo que se encarguen los del mundo, de las cosas de Dios, los de Dios. Y así ha sido. Porque el peor enemigo de la Iglesia está dentro de la misma Iglesia. Y a estos, a los hijos infieles de la Iglesia, el príncipe de este mundo les ha dado preciso cometido: modernizar el culto, relativizar el culto, despreciar el culto. Han sido tres pasos en el tiempo, donde para llegar a uno había que pasar por el otro, pero sin ser necesario abandonar el anterior. 

Cuando el padre Pío decía que el día que se deje de celebrar la santa Misa se acabaría el mundo, no estaba construyendo un eslogan. Estaba evidenciando la realidad que se escapa a nuestros ojos. No está en juego el destino del euro, ni tan siquiera la paz en Oriente Medio, está en juego el mismo mundo según lo que ocurra con la Eucaristía. Pero quien no ha perdido la fe en la Eucaristía es quien está tratando de pisarla. Por ello la batalla está siendo hoy más encarnizada que nunca, justo porque desde la capitanía general de la Iglesia se está tocando a rebato, se está volviendo a fijar la mirada en el único estandarte vencedor: la Eucaristía.

Esta crisis no se podría solucionar sin una vuelta a Dios. Y fueron palabras valientes y profundas. Pero no se podrá volver a Dios si no se vuelve a la Eucaristía. Luego habrá que volver a la Eucaristía.

Recuperación del giro hacia Dios, del giro hacia la Eucaristía, es donde el mundo, España, puede encontrar la senda de la salud, la paz, el progreso. Lo otro es haber perdido la fe, y lo que es peor, perdérsela a los inocentes.

Por César URIBARRI

Fuente y texto completo: https://www.religionenlibertad.com/blog/23198/sin-eucaristia-la-destruccion.html

 


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