Palabras del Papa, 3-1-2018

Palabras del Papa, 3-1-2018

El Papa Francisco en la Audiencia General. Foto: L’Osservatore Romano

Catequesis de la Audiencia General de los miércoles, sobre el acto penitencial de la Misa:

  • El acto penitencial, en su sobriedad, favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados.
  • En ese acto introductorio, el sacerdote invita a reconocer nuestros pecados guardando un momento de silencio.
  • El acto penitencial realizado en comunidad y en primera persona, favorece la actitud con la cual disponernos a celebrar dignamente los santos misterios, al reconocer ante Dios y ante nuestros hermanos nuestros pecados.
  • Las palabras que decimos con la boca son acompañadas del gesto de dar unos golpes en el pecho, reconociendo que he pecado por mi culpa, y no por la de los otros. Sucede a menudo que, por miedo o vergüenza, apuntamos con el dedo para acusar a los otros.
  • Para ser perdonado uno tiene que humillarse y reconocer verdaderamente sus errores. El presuntuoso es incapaz de recibir perdón. Quien es consciente de las propias miserias y abaja los ojos con humildad, siente posarse sobre él la mirada misericordiosa de Dios.
  • Cada uno entra en su interior para tomar conciencia de todo lo que no corresponde con el plan de Dios. Por eso, confesamos en primera persona del singular diciendo: He pecado mucho de pensamiento, palabras, obras y omisión.
  • No es suficiente no hacer mal a nadie, sino que es necesario hacer el bien, y nosotros, debemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan para dar testimonio, un buen testimonio, de que somos discípulos de Jesús. La fórmula del acto penitencial, está acompañada con el gesto de golpearse el pecho para indicar que el pecado es propio y no de otro.
  • Sabemos por experiencia que solo quien sabe reconocer los errores y pedir excusa recibe la comprensión y el perdón de los otros. Escuchar en silencio la voz de la conciencia permite reconocer que nuestros pensamientos son distantes de los pensamientos divinos, que nuestras palabras y nuestras acciones son a menudo mundanas; guiadas por decisiones contrarias al Evangelio.
  • Después de esta confesión, suplicamos a la Virgen María, a los ángeles y a los santos que intercedan ante el Señor por nosotros. Su intercesión nos sostiene en nuestro camino hacia la plena comunión con Dios.
  • El acto penitencial concluye con la absolución del sacerdote, en la que se pide a Dios que derrame su misericordia sobre nosotros. Esta absolución no tiene el mismo valor que la del sacramento de la penitencia, pues hay pecados graves, que llamamos mortales, que sólo pueden ser perdonados con la confesión sacramental.

 

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