Palabras del Papa, 26-10-2017Homilía de la Misa matinal en la capilla de la Casa de Santa Marta. La lucha contra el mal «no da tranquilidad, sino paz» y es necesaria para «cambiar de vida, cambiar de camino». Es por tanto «una llamada a la conversión». En la homilía que pronunció en la capilla de la Casa Santa Marta, habló de «cambiar la forma de pensar, cambiar la manera de escuchar». «Tu corazón que era mundano, pagano, se transforma ahora en cristiano con la fuerza de Cristo: cambiar. Ésta es la conversión». Y «cambiar en el modo de actuar: tus obras deben cambiar”».
La conversión «involucra todo, cuerpo y alma, todo». «Es un cambio, pero no es un cambio que se hace con maquillaje: es un cambio que hace el Espíritu Santo, dentro. Y yo lo debo hacer mío para que el Espíritu pueda actuar, y esto significa luchar». «No existen cristianos tranquilos que no luchan», añadió. «Esos no son cristianos, son tibios». En este sentido señaló que la tranquilidad para dormir «la puedes encontrar también con una pastilla», pero «no existen pastillas para la paz». «Solo el Espíritu Santo» puede dar «esa paz del alma que dará fortaleza a los cristianos». «Y nosotros debemos ayudar al Espíritu Santo haciendo un espacio en nuestro corazón». «Y nos ayuda mucho el examen de conciencia, de todos los días», para «luchar contra las enfermedades del Espíritu, aquellas que siembra el enemigo y que son enfermedades de mundanidad». Francisco subrayó que «la lucha que ha llevado Jesús contra el diablo, contra el mal, no es algo antiguo, sino una cosa muy moderna. Es cosa de hoy, de todos los días» porque «es fuego que Jesús ha venido a llevarnos a nuestro corazón». El Papa invitó a preguntarse «cada día»: «¿Cómo he pasado de la mundanidad, del pecado, a la gracia?, ¿he hecho espacio al Espíritu Santo para que Él pueda actuar?». «Las dificultades en nuestra vida no se resuelven aguando la verdad. La verdad es esta, Jesús ha llevado fuego y lucha, ¿qué hago yo?». Además, para la conversión se necesita tener «un corazón generoso y fiel», concluyó. ACI/Álvaro de Juan
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El Papa recibió en el Vaticano a miembros de la Universidad Católica de Portugal, a quienes les recordó la importancia que una institución católica tiene para el país en el que se encuentra y alertó del egoísmo que puede hacer enfermar el alma. «Por naturaleza y misión sois universidad, es decir, abrazáis el universo del saber en su significado humano y divino, para garantizar aquella mirada de universalidad sin la cual la razón, resignada con modelos parciales, renuncia a su aspiración más alta: la búsqueda de la verdad», sostuvo el Papa. De los profesores católicos dijo que detrás de todos ellos «se encuentra una comunidad creyente, en la que, durante los siglos de su existencia, maduró una determinada sabiduría de la vida; una comunidad que guarda en sí un tesoro de conocimiento y de experiencia ética, que se revela importante para toda la humanidad». «El docente habla no tanto como representante de una creencia, sino, sobre todo, como testigo de la validez de una razón ética», dijo a los miembros de la Universidad. Al mismo tiempo advirtió de que «cuando el ser humano se entrega a las fuerzas ciegas del inconsciente, de las necesidades inmediatas, del egoísmo, su libertad se enferma». En su opinión, cualquier centro educativo tiene que preguntarse: «¿Cómo ayudamos a nuestros alumnos a no mirar un grado universitario como sinónimo de mayor posición, sinónimo de más dinero o mayor prestigio social?» porque «no son sinónimos». «No se puede pretender que quienes no comparten esta fe acepten la validez de las mismas». Pero, «sí que pueden reconocer la razón ética que les viene propuesta». ACI ……………………………………………..
Audiencia que concedió al Moderador de la Iglesia de Escocia, Derec Browning, al que recibió en el Vaticano. El Papa Francisco mostró su deseo de que el diálogo ecuménico hacia la unidad visible de todos los cristianos siga avanzando y dando frutos. En un discurso de alto valor ecuménico ante la máxima autoridad de esta Iglesia reformada, el Santo Padre destacó, en el contexto del quinto centenario de la Reforma Protestante, la evolución de la relación entre protestantes y católicos que ha pasado a ser una relación «de verdaderos hermanos, ya no como rivales después de tantos siglos de incomprensión y conflicto». «Eso ha sido posible, por la gracia de Dios, debido al camino ecuménico que ha permitido intensificar la comprensión, la confianza y la colaboración entre nosotros», subrayó. En este sentido, afirmó que la «purificación recíproca de la memoria es uno de los frutos más significativos de este camino nos une». Reconoció que «es cierto que el pasado es inalterable y también es cierto que hoy comprendemos por fin, a partir de la mirada de Dios sobre nosotros, que sobre todo somos sus hijos renacidos en Cristo por medio del Bautismo y, por lo tanto, somos hermanos». «Durante demasiado tiempo –lamentó– nos hemos observado desde la distancia con una mirada demasiado humana, nutriendo sospechas con la perspectiva puesta en la diferencia y en los errores, con el corazón dispuesto a recriminar las injusticias sufridas». Por el contrario, recordó que «ahora, en el espíritu del Evangelio, avanzamos por el camino de la caridad humilde que lleva a la superación de las divisiones y a la curación de las heridas. Hemos entrado en un diálogo de comunión –valoró Francisco–, un diálogo que se sostiene en el lenguaje propio de quien pertenece a Dios y que es la condición irrenunciable para la evangelización». «¿Cómo podemos anunciar al Dios del amor si no nos amamos entre nosotros?», se preguntó. «En la misma Escocia, en Edimburgo, hace más de cien años, los misioneros cristianos tuvieron la audacia de volver a proponer con renovado ímpetu la voluntad de Jesús de que seamos una sola cosa para que el mundo crea. Habían comprendido que el anuncio y la misión no son plenamente creíbles si no vienen acompañados de la unidad». ACI/Miguel Pérez Pichel |
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