Palabras del Papa, 20-10-2017![]() De la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta:
Que el Señor nos dé la gracia de la “verdad interior”.
Esa justificación de Jesús, exige obras, porque “nuestras obras son la respuesta al amor gratuito de Dios, que nos ha justificado y que nos perdona siempre. Nuestra santidad es recibir siempre ese perdón”.
“El Señor es el que nos ha perdonado el pecado original y el que nos perdona cada vez que vamos donde Él. No podemos perdonarnos nuestros pecados con nuestras obras, porque solo Él perdona. Sin embargo, sí que podemos responder con nuestras obras a ese perdón”, explicó el Santo Padre.
El Papa se remitió al Evangelio del día, de San Lucas, para citar “otra forma de buscar la justificación”, una muy diferente a la explicada por Jesús, al ofrecer la imagen de “aquellos que se creen justos de apariencia”, que “saben poner caras como si fuesen santos”.
Son los hipócritas, explicó, “dentro de ellos está todo sucio”, hay “basura”, pero externamente quieren “aparecer” justos y buenos, haciéndose ver cuando ayunan, rezan o dan la limosna. Pero dentro de su corazón no hay nada, “no hay sustancia”, la suya “es una vida hipócrita”, su verdad “es nula”.
“Estos se maquillan el alma, viven del maquillaje, la santidad es un maquillaje para ellos. Jesús siempre nos pide que seamos verdaderos, pero verdaderos dentro del corazón y que si algo aparece que aparezca esta verdad, lo que hay dentro del corazón. De ahí aquel consejo: cuando rezas, hazlo a escondidas; cuando ayunas, allí sí, un poco maquillado, para que nadie vea en el rostro la debilidad del ayuno; y cuando das la limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, hazlo en lo escondido”.
“Jesús nos pide coherencia de vida, coherencia entre lo que hacemos y lo que vivimos dentro. La falsedad hace mucho mal, la hipocresía hace tanto mal, es un modo de vivir. En el Salmo hemos pedido la gracia de decir la verdad ante el Señor. Es hermoso lo que hemos pedido: ‘Señor, te he dado a conocer mi pecado, no lo he escondido, no he cubierto mi culpa, no he maquillado mi alma’. He dicho: ‘Confesaré al Señor mis iniquidades’, y tú has quitado mi culpa y mi pecado’. La verdad siempre ante Dios, siempre. Y esta verdad ante Dios es la que deja espacio para que el Señor nos perdone”. |
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