Me sé todas las teorías… desde hace más de cuarenta años

Todas. Desde la opción por los pobres a las comunidades de base. De la iglesia del Vaticano II a eso de más amor y menos mandamientos. De la liturgia creativa a lo importante es, de lo malos que eran Juan Pablo II y Benedicto XVI a la primavera primaveral de Francisco. Me lo sé. Tanto que hasta hubo un tiempo en el que me lo creía. Luego te desengañas. 

Te desengañas porque un día miras con distancia y resulta que en el paraíso de las comunidades de base, Brasil, la población católica ha descendido de 65% a 50% en apenas diez años (2010-2020), mientras que la población evangélica ha aumentado de 22% a 31% en igual período. Espabilas porque tras cincuenta años de iglesia conciliar y primaveral los conventos se cierran, los seminarios están bajo mínimos, los bautizos se han desplomado, apenas hay bodas por la Iglesia y ya casi ni entierros. Aprendes porque ves que mucha teoría de los pobres, Iglesia en salida y estar con los débiles pero luego la pela es la pela y el negocio es el negocio, y los mismos que se llenan la boca con la maldad del dinero y todo para los pobres son capaces de agarrar las limosnas para pagar los gastos de su oficina. Y saben muy bien que no me invento nada.

Te hartas de esa vieja teoría según la cual los progresistas son los que están con los pobres y los conservadores con los ricos. Lo que pasa es que la cosa es al revés. Los progresistas hablan mucho de los pobres, pero son tan generosos que nos los ceden a los demás. Perdón la deriva política, pero ahí tienen al bueno de Pablo Iglesias, constante en sus ideas, que las ideas son baratas, pero no en su vida, que pasó de vivir entre los pobres al chaletón de Galapagar. Eso sí, las ideas, las mismas.

Estoy hartito de verlo en la Iglesia, entre cristianos progres y también curas de avanzadilla. Eso sí, qué difícil es encontrar un cura dispuesto a ser párroco en a Sierra Norte, vivir aquí con los últimos y celebrar cada día en la pobreza de no tener más que una Rafaela de vez en cuando. Qué buena oportunidad para tantos cristianos laicos, que se dicen tan comprometidos, de vivir en el último pueblo, noventa  kilómetros a Madrid no es nada, aportar vida, hijos, dinamismo y evangelio en estas comunidades tan limitadas. No hay forma, que aquí mucha opción por los pobres, mucha teoría de los setenta y los ochenta, pero eso, teorías, aunque a veces maquilladas con un gesto solidario para que se vea que somos católicos fetén. En la práctica, para eso estamos los curas que nos hemos vuelto tan conservadores y tan olvidados de los pobres que aquí estamos. 

Ayer sábado celebré dos misas. Por la mañana en La Serna, como cada sábado. Una persona. Por la tarde, tocaba misa y exposición del Santísimo en Braojos. Ahí doblamos: fueron dos. ¿Y merece la pena celebrar dos misas para tres feligresas? Sí. Eso es fe y eso es estar de verdad con los pobres. Hoy domingo seremos algunos más. Pues esto es la Iglesia real, la de las periferias, la de los pobres, la de los últimos, la del pueblo de verdad, que recibe visitantes para decirnos que es muy bonito y que fantástica la tranquilidad, pero que a la ciudad, que es más cómoda.

Me sé todas las teorías. Todas. Y me sé la práctica. Toda. El que quiera estar con los pobres no se conforme con enviar un donativo al tercer mundo, organizar una cena solidaria o preparar una conferencia socio económica. Desde Madrid lo tiene cerca. Apenas noventa kilómetros. Si es laico se puede comprometer a echar una mano, que algunos lo hacen, especialmente ahora en Semana Santa. Si es sacerdote, pídaselo al obispo. Algún compañero me lo ha dicho: me gustaría ir a la Sierra. Perfecto, respondo, pídeselo al obispo y por escrito…  Creo que tiene perdiente escribir la carta. Desde hace tiempo. 

Jorge González Guadalix

Infocatolica


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