«Me aterra la voluntad de imponer la visión occidental del mundo, el chantaje de Naciones Unidas»

«Me aterra la voluntad de imponer la visión occidental del mundo, el chantaje de Naciones Unidas»

 

La cuarta personalidad de la Curia, el cardenal Sarah, defensor de la doctrina y la familia. En su opinión, la visión de matrimonio que quiere imponer Occidente es «sorprendente».

Originario del norte de la República de Guinea, el cardenal Robert Sarah, de 69 años, fue nombrado en noviembre prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos.

La cuestión no es esta. La Iglesia, ¿debe ir más allá para seguir la evolución de la sociedad?
-Pienso a menudo en la historia de Nabot, que poseía un viña codiciada por Acab. Nabot murió porque rehusó vender su tierra, herencia de su padre y sus antepasados. La herencia es un tesoro que hay que conservar incluso si en apariencia no representa nada. ¿Por qué debería cambiar la Iglesia si acaba de entrar en su tercer milenio? Sobre las cuestiones que usted ha planteado, Dios es claro: Él considera que la matriz de la familia está formada por un hombre y una mujer. Juan Pablo II se pronunció sin ambigüedad sobre los divorciados que se han vuelto a casar. No pueden comulgar.

Usted forma parte de los que han hecho oír una voz disidente, vinculada a la tradición, en el último sínodo sobre la familia…
-El sínodo no tiene ningún poder doctrinal; sólo pastoral. Los obispos hacen propuestas discretas al Papa. Son sólo exhortaciones. Sanar a alguien pertenece al ámbito de la pastoral, pero la composición de los medicamentos atañe a la doctrina. En última instancia, es el Papa quien decide. Formo parte de los que – y son muy numerosos – no dejarán que la pastoral se imponga a la doctrina. La doctrina es el fundamento sin el cual la casa se hunde.

¿Aunque con esto se agrande un poco más el abismo entre la Iglesia y la sociedad?
Si no podemos admitir la fuerza de la doctrina, sigamos siendo paganos. En nombre de esta doctrina hay mártires en el mundo, sacerdotes asesinados en Pakistán, coptos capturados por su fe. La visión de matrimonio que nos quieren imponer es sorprendente. He viajado mucho y estoy aterrado ante esta voluntad de legislar e imponer a los otros esta visión occidental del mundo. Por otra parte, en Francia se han manifestado contra este diktat.

Como africano, ¿usted se considera guardián de la doctrina?
-Los africanos, a pesar de su pobreza, se han afirmado en ella. Formamos parte de la Iglesia. No defendemos a África, defendemos a la humanidad. Las últimos Papas han subrayado la importancia de África. Benedicto XVI ha evocado «el pulmón de la Iglesia», Pablo VI, «la nueva patria de Cristo». Francisco visitará África este año. Personalmente, he luchado contra el chantaje de las Naciones Unidas, que imponen a los estados africanos ministerios de género a cambio de conceder ayudas para el desarrollo.

Pero se trata de defender los derechos de las mujeres y de los homosexuales…
-Se trata de imponer una visión de la familia occidental.

Religiones como el islam ganan terreno en Occidente, pero también en África. La Iglesia católica lo pierde. ¿Se puede permitir la Iglesia rechazar el cambio?
¡La Iglesia no pierde nada! Se debilita en Europa, pero todos los años gana fieles en el resto del mundo. El islam progresa también porque propone un ideal, fija unos objetivos. Toda la moral, todos los valores cristianos son relativizados. Los jóvenes ya no tienen referencias. Atacando a la familia no se va a salvar la sociedad. Pienso que es a la inversa. La familia es la célula humana más agredida en Occidente. Las dificultades financieras y económicas pesan sobre ella. Como cristiano, pienso que es necesario volver a poner a Dios en el corazón de la sociedad.

Pero, ¿qué discurso político debe aportar la Iglesia a un mundo en crisis?
-La Iglesia no está para dar soluciones. Nuestro combate es Cristo, nuestra referencia el Evangelio. Pienso que la gran crisis que estamos atravesando es una crisis antropológica. En la época de Cristo había también grandes problemas en la sociedad, grandes crisis. La colonización del Imperio romano, por ejemplo. Cristo no dijo nada al respecto. A Él le bastaba dar una imagen de Dios, rechazar la esclavitud. Una sociedad sin Dios, una sociedad secularizada no puede responder a las necesidades del hombre. El bienestar material no colma sus expectativas.


Marie-Christine Tabet/Le Journal du Dimanche

(Traducción de Le Journal du Dimanche de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

https://www.religionenlibertad.com/me-aterra-la-voluntad-de-imponer-la-vision-occidental-del-mundo-41062.htm

 


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