La amenaza de la guerra nuclear

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El 30 de marzo de 2017 escribíamos un artículo titulado «La locura infernal de las armas nucleares«.  Lo recogemos íntegro más abajo, dada su vigencia en esto momentos tan amargos en que Ucrania se ve envuelta en una guerra contra Rusia, y en la que el mundo occidental «por fuera» intenta rendir a Rusia con sanciones y a la vez «alienta» a la inferior Ucrania a que continúe  el conflicto reforzándola con armamento.

Lo cual lleva a pensar varias cuestiones sobre si se está en lo acertado:

  • Si el que un «enano» se pelee contra un gigante, exponiéndose a que le partan la cara, ¿es la mejor opción?.

El argumento tan noble y elevado de la libertad: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida, y , por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.» (El Quijote, Cap. LVIII, Parte II). “Sólo es libre el que está dispuesto a dejar su vida por la libertad” (Hegel). No es suficiente en este caso, cuando ni la pérdida de libertad ante una deposición de las armas iba a ser como las históricas en que se esclavizaba a todo un pueblo y se les echaba de sus casas y tierra, etc.; ni el precio que se está pagando de vidas ni de pérdidas de todo tipo y el sufrimiento… no merecía la pena seguramente esa resistencia «alentada» por Occidente (que ve los toros desde la barrera).

  • Por otra parte, y entrando en el asunto del título la amenaza nuclear es un riesgo evidente: Putin, ante el que se pueda dilatar en exceso con un considerable precio… de muertes, de agotamiento, de prestigio y presiones de los propios, principalmente, y achacándolo a la labor de zapa de Occidente y a su inmiscuirse con la colaboración armando a la resistencia ucraniana, para que siga manteniendo la guerra, etc., puede, pues, que Putin decida dar un paso más allá y hacer uso de armamento nuclear.

O incluso cabe, porque una guerra se sabe como empieza pero no como termina, que aparezcan nuevos interpretes en este escenario: China, y entonces se puede armar la mundial.   

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«La locura infernal de las armas nucleares«

Actualmente hay nueve estados con armas nucleares (EE.UU., Rusia, Renio Unido, Francia, Israel, La India, Afganistán, China y Japón). Todos ellos dedican, pese a la precaria situación económica -en general y en particular algunos de ellos- destinan enormes recursos multimillonarios a programas de modernización de sus arsenales nucleares.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, tiene la intención de incrementar el gasto en armamento y ampliar su capacidad de armas nucleares, hasta que el mundo «entre en razón». Alega que no está dispuesto a que su país pierda la hegemonía y se quede peligrosamente atrás. Para ello va a dedicar una buena parte de su presupuesto a la modernizar el anticuado arsenal. Trump ha dicho: «Soy el primero que quisiera ver que nadie tenga armas nucleares, pero nunca vamos a quedarnos detrás de algún país.  Sería maravilloso, un sueño, que ningún país tuviera armas nucleares, pero si los países van a tener armas nucleares, vamos a estar en lo más alto«. Trump prometió que EE. UU. volverá a «ganar» e imponer su poderío militar gracias a un gran aumento del gasto en defensa, con lo que nadie «se meterá con nosotros».

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, dijo otro tanto: que su país necesita «fortalecer el potencial militar de las fuerzas nucleares estratégicas».

Al igual que estos dirigentes, piensan los de los demás países, especialmente el de China.

Esto es  una forma de, bajo la advocación de buenas intenciones y de la legítima defensa, escudarse en el argumento que es consecuencia de la necesidad de mejorar y modernizar nuestra capacidad disuasoria como una manera vital de buscar la paz a través de la fuerza. Es decir, que «si quieres la paz, prepárate para la guerra«. El miedo del otro, al desastre del que no se libraría, le pararía de emprender cualquier conflicto bélico.

Esta lógica diabólica es una pescadilla que se muerde la cola. A mayor desarrollo armado, mayor peligro, a mayor peligro y armamento, mayor inversión, y así sucesivamente. Una locura infernal sin fin.

Añadamos que la proliferación de armas nucleares suponen una seria amenaza para el mundo. Pueden llegar a manos de grupos terroristas o de dirigentes de regímenes extremistas, inestables o de estados fallidos, etc., (y hasta algún dirigente, tipo Hitler, que este bajo una posesión diabólica) que puedan suponer un peligro para la humanidad. O tal vez, este otro caso: el que se entable una guerra convencional entre dos países, y que con la evolución de la misma, puede derivar a un aumento progresivo de los posibles aliados, al igual que el tipo de armamento, y así, puede llegarse a un punto en que, a la desesperada, ese eche mano de ese tipo de armamento nuclear, aplicando el dicho de «morir matando», por ejemplo.

Y mientras estos males nos acechan y se derrochan descomunales sumas de dinero, el drama del hambre sigue sin resolverse. Si los esfuerzos dedicados a esa industria infernal, se dedicaran a paliar la pobreza del mundo, seguro que esa desaparecía. Pero el estallido de esta «especie de bomba nuclear» que acaba con la vida anualmente de unos 40 millones de personas en el mundo, este no interesa y atemoriza a nadie de esos países dedicados a la producción de armas..

Por este camino, el mundo acabará autodestruyéndose, porque se llegará a un punto de no retorno y de pérdida de control, en que todo nos desborde y se nos vaya definitivamente de las manos.

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