La plaga de quitar cruces de los lugares públicos en España —de la España otrora católica— pone de manifiesto la fobia hacia lo cristiano, o lo que es lo mismo, aunque no se explicite expresamente a Cristo y a Dios. Se odia la cruz porque en ella está Cristo, Dios, el Dios verdadero.
Como principio es obvio que la Iglesia no debe tomar partido de forma exclusiva sobre una opción política; por varias razones entre otras (citamos solo dos):