El presidente estadounidense, que se dice católico, se está volviendo en piedra de escándalo en cuanto que, contraviniendo la doctrina de la Iglesia Católica, tiene a gala el ser adalid de la causa abortista y de la ideología de género; es obsesivo su empeño, y el de su Administración, por promocionar, legislar y subvencionar estas dos cuestiones.
En Francia empezaron por matar al rey, “el de arriba no puede tener más derechos que los de abajo”, decían. Ahora que están arriba a los que matan es a los más débiles, han hecho del aborto algo constitucional, “tenemos el derecho a hacerlo”, dicen. Eso son las revoluciones sin Dios, un reguero de sangre continuo, primero para llegar al poder, después para mantenerlo.Qué distinta la revolución de Cristo, dejándose matar Él para dar vida. Si no entendamos que el camino es ese aún no pillamos de qué va el cristianismo.