![]() Tu vocación de cristiano no se fundamenta en un estado de ánimo, en algo sentimental y fugaz Estás atravesando la noche oscura del alma. Todo te parece triste y sin apenas sentido. No hay consuelo y el corazón se siente tan herido que apenas late ya. Hablas de debilidad, de odio, de tristeza amarga, de rabia… Tu vida es tiniebla, un continuo alarido, un lastre de impotencia. Si viviéramos sin Dios, solos en el universo, te daría la razón. Es todo una estupidez. ¡Tanto para nada! Pero tienes a Jesús a tu lado, mientras me lees ahora. Jesús, hijo de Dios, redentor del mundo. Te da la mano y nunca -ni en los momentos peores- te ha abandonado. NUNCA. Está ahí, contigo, a tu lado, dentro de ti, aunque no lo sientas. Vamos a comenzar de nuevo. Esta Semana Santa vas a verlo todo de diferente forma. Porque vas a ser tú el crucificado. Tuyo va ser el dolor y tuyo va a ser el perdón, abrazado a Cristo, a Su Sangre bendita, tan pisoteada por las blasfemias de algunos. Es el momento de la Redención, del perdón absoluto. Todo lo pasado ya no significa nada. El Amor se crucifica por nosotros, por nuestra fidelidad. El dolor que fluye por tu alma tiene ya un sentido: el sentido de la santidad. Tu santidad y la santidad de los tuyos. Y la de tantas almas que te esperan, que se fijarán en ti a partir de esta Semana Santa. |
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