El “proceso sinodal” alemán

Logo del «camino sinodal» alemán

La Iglesia alemana se halla en una rodada peligrosa, y máxime en estos tiempos tan inestables. La Barca de Pedro, como si se tratara del sueño de san Juan Bosco, recibe arcabuzazos diversos, que le abren vías de agua. No son momentos para provocar vaivenes en una embarcación tan sometida a las acometidas de los enemigos y a un mar embravecido; son tiempos para como dice el aforismo ignaciano «no hacer mudanza en tiempo borrasca».

Es mala señal que en una Iglesia como la alemana cuyo clero dice tener dudas de fe y de rezar muy poco, que se disponga a aventurarse en un proceso de tal envergadura.  De él, puede salir cualquier cosa…, y tal vez nada buena, por la exposición a la influencia de la acción del Maligno, tan empeñado en hundir la Barca de Cristo.

El resultado del camino sinodal solo puede ser el establecimiento de una iglesia separada de Roma. Las amenazas de herejía y cisma que llegan desde el «camino sinodal» de la Iglesia alemana. Así este fin de semana en Münich y en Roma han habido varias manifestaciones de protesta contra “proceso sinodal. Católicos de diferentes partes del mundo oraron en silencio por la unidad de la Iglesia.

Los obispos alemanes “creen que es posible transformar la Iglesia desde adentro»:Más que transformaciones de calado, dado el momento de crisis no son propias trasformaciones importantes, los riesgos son mayores…; lo idóneo en la actualidad es ser fieles a la Iglesia, a la doctrina actual y de siempre y perseverar en la oración firmemente.

El profesor e historiador Roberto de Mattei, director de la Fondazione Lepanto, ha manifestado: “La iglesia en Alemania es rica en fondos, pero pobre y cada vez más pobre en sustancia espiritual. A los ojos de un cristiano cabal, aparece como un aparato funcional burocrático que está dispuesto a defender la opinión pública y sujeto al dictado de las autoridades civiles».

En fin, si en cualquier momento -hoy más que nunca- es peligrosa la tentación de asemejarse al paisaje (al espíritu del tiempo), para aparentar ser parte de él, es decir, la secularización de lo trascendente, y ser aceptado y de paso tener mejores resultados cuantitativos, a cambio de perder el credo de tu ser, su doctrina.

Estamos en la Iglesia Católica abriendo muchas vías de agua. Aunque la barca no se hundir-a porque en ella está Jesús y porque ha prometido que las fuerzas del mal no prevalecerán sobre ella, lo que sí es cierto es que las veleidades humanas -como ya ha ocurrido en otros periodos de la historia, la pueden conducir a cismas. Son tiempos para estar prietas las filas, y en cambio…

Si la Iglesia no tiene una Buena Nueva que llevar al mundo, sobra. La Iglesia no existe para conformarse al mundo, sino para evangelizarlo, para ser fermento transformador. Si la sal se vuelve sosa…

Recemos, recemos y recemos.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.