Las propuestas del sínodo alemán suponen una radical ruptura con lo que de siempre ha mantenido la Iglesia a lo largo de su historia: rechazan la moral existente hasta ahora, el que las relaciones sexuales consentidas de cualquier tipo sean consideradas inmorales, el matrimonio homosexual, el aborto, la ordenación de clérigas, obispas, papisas, etc., e incluso cuestionan al mismo Cristo.
El Espíritu Santo no está ahí, pues lo que se propone va en contra de la figura de Cristo, en contra del Evangelio, en contra de la Tradición y en contra del Magisterio de la Iglesia. Lo que pretenden -¡cuidado con el nombre!- una nueva iglesia, una nueva religión, donde Dios tendría un rostro más abstracto, como en otras religiones existentes, pero no ya con el Dios revelado por Cristo, un Cristo que incluso cuestionan que existiera y que incluso lo que supuestamente dijo nos coloca en enfrentamiento con el mundo. Por lo tanto, hay que relegar poco más o menos que la ostracismo a Cristo; no ha desprenderse de Él, pero sí a dejarlo un poco a un lado.
Eso es gravísimo, pues la Verdad, Cristo, el Señor, Dios, les molesta, pone en peligro su prestigio y el que sean admitidos por el mundo, que se ha vuelto mundano; es un pretender deshacerse de Cristo, pues les complica la vida y que sean aceptados y considerados por una sociedad cada vez más alejada de los fundamentos, principios y valores contemplados en el Evangelio.
A esto que pretende el sínodo alemán siguiendo las indicaciones de la Escuela Teológica de Bolonia, ha saltado su contra el lúcido y autorizado cardenal Gerhard Müller calificando de heréticos esas planteamientos.
Cuestionan desde sus posicionamientos progres, ultra progres, cualquier postura tradicional -y de siempre- , imponiendo un nuevo credo, que es un asimilarse a espíritu del tiempo, y quien no lo acepte quedará marginado, excluido, despreciado socialmente y religiosamente (por la nueva religión o espiritualidad).
Esta provocación, pues no se puede calificar de otra forma, surge de un clero que no cree verdaderamente el Jesucristo, que no reza ni vive la gracia. Y que se deslizan por una pendiente peligrosísima que conduce a una apostasía cismática de la Iglesia católica alemán, y que abren la puerta a la ya cada vez más cacareada una religión nueva, global; que está en la línea del Nuevo Orden Mundial y la Masonería siempre.
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