José María R. Olaizola: «¿Qué tipo de reflexión puede esperarse en una sociedad que piensa en 140 caracteres?»«Ámanos por nuestros fallos, que por nuestros aciertos nos ama cualquiera». Una cita de ‘Almas muertas’, de Nikolai Gogol, invita a leer a quien se adentre en ‘Hoy es ahora (gente sólida para tiempos líquidos)’. Lo entrevista El Norte de Castilla.
Rodríguez Olaizola es un jesuita ovetense afincado en Valladolid donde desarrolla labores pastorales, en especial en el ámbito universitario. Mucho más allá de discursos religiosos en ‘Hoy es ahora’ disecciona la cruda realidad para invitar a que «tomemos las riendas de nuestras vidas» y que «es el momento de las personas». Con lenguaje sencillo denuncia que el bienestar ha sustituido a cualquier aspiración trascendente y que la casa humana está llena de grietas pero que todos podemos ser nuestro propio albañil que empiece a repararlas.
-Usa la metáfora de una casa llena de grietas. Habíamos logrado el chalé adosado de los sueños pero esa imagen protectora falla y nos hunden las hipotecas. -De entrada, por supuesto que hay crisis económica. Pero hay otras crisis que van más allá. Focalizamos demasiado en una dimensión que es real pero que hay otras que me parecen incluso más importantes. De la crisis saldremos antes o después, mejor o peor, pero hay otras facetas de la vida que hacen aguas.
-Tal vez logramos una madurez económica que no teníamos en otros terrenos. ¿Es momento de cimentar esos terrenos y depurar algo más que la economía? –Ha habido una huida hacia adelante en la que, aquello que iba dejando de funcionar, decíamos «bueno, al menos podremos vivir bien». Y nos hemos seguido dando caprichos y haciendo la vista gorda a otras realidades. Y con el mantra del estado del bienestar caímos en nuestra propia trampa. Ahí es donde digo que esta situación, sin frivolizar, es una gran oportunidad para la sociedad.
-¿Se apunta al tópico de que detrás de una crisis se abren nuevas oportunidades y puertas? -En estas situaciones hay catastrofistas, que en todo ello solo ven el principio del fin; después están los benévolos, que dicen que solo hacen falta unos pocos ajustes. Luego está esa otra mirada de que una crisis es una sacudida seria en la que se tambalean cimientos, se rompen inercias… Pero es una oportunidad en muchas facetas. En las crisis serias corres el riesgo de doblarte o romperte, pero puedes salir más fortalecido como persona, con tu pareja, con tu entorno…
-Y pagar el precio. No dejarse llevar por la corriente. -A todos los niveles. El precio de tener convicciones a nivel moral supone vivir y encontrar las justificaciones y tener que estar siempre dando explicaciones.
-Hace una defensa encendida del pararse un poco. Como esa corriente del ‘slow’, de no tener que ir a todas partes y hacerlo todo. –Mi apuesta personal es el de la reflexión. Yo mismo vivo menos despacio de lo que querría y no puedo presumir de lo que carezco. Pero lo más importante es pensar, formarse, leer e ir más allá de los fogonazos y los destellos de la sociedad. ¿Qué tipo de reflexión se puede esperar de una sociedad en la que los máximos argumentos se desarrollan en 59 segundos y 140 caracteres? Son lugares comunes que pueden ser útiles. Pero hace falta mucho más. Y también la autocrítica. Hay que vivir con las heridas y tirar para adelante. Y empezar a reconstruir desde ahí.
-Pero nos faltan pautas porque tenemos tanta información que no sabemos qué hay que ver, leer… -El peligro es que nos podemos morir de hambre o de avalancha. Por un lado estamos tan hiperestimulados que es muy difícil hasta encontrar el tiempo para dedicarle a algo media hora. Hay un punto de disciplina que va siendo necesario. Y también una parte de interés y de vocación. No podemos saber todo de todo. Entre el especialista absoluto y el humanista universal, hay algo que se llama cultura que apela a la formación, la inquietud y la búsqueda: el saber. Soy partidario de la lectura porque es una forma de liberación muy barata.
–En un cierto momento uno decide. Depende de la formación, las preguntas que nos hacemos y de la honestidad intelectual. Llega un momento en que la fe pide un salto al vacío, de una forma u otra. Hasta el creyente más convencido se pregunta aquello de «y si…». Y el ateo también se puede plantear «y si hubiera Dios…».
-A quién va destinado un libro así. ¿Solo a gente líquida? –La línea que separa a la gente líquida de la sólida no es demasiado nítida. En el fondo, lo sólido y lo líquido son dos extremos y luego en medio estamos todos los demás. Y a veces la gente que se cree más sólida, o lo contrario, los que parecen más insustanciales en sus planteamientos, nos sorprenden.
Fuente y texto completo: http://www.periodistadigital.com/religion/solidaridad/2011/12/05/jose-maria-r-olaizola-liquida-iglesia-religion-papa-crisis-jesuitas-valladolid-libro-sal-terrae.shtml |
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

