Palabras del Papa, el 3-9-2017

Palabras del Papa, el 3-9-2017

 “La regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana” es “que solo el amor da sentido y felicidad a la vida” 

Siempre, y aún hoy, la tentación es la de querer seguir a un Cristo sin cruz, o más bien, de enseñar a Dios el camino justo. Como Pedro: no, no, Señor, eso no… eso no pasará. Pero Jesús nos recuerda que su camino, es el camino del amor, y no hay verdadero amor sin el don de sí. Somos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser siempre más conscientes de la necesidad y de los esfuerzos para nosotros cristianos  de avanzar en contracorriente y cuesta arriba.

Jesús completa su proposición con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Exhorta: “El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida a causa de mí la guardará” (v.25). En esta paradoja, está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla que solo el amor da sentido y felicidad a la vida. Gastar sus talentos, sus energías y su tiempo solo para salvarse, protegerse y realizarse uno mismo, conduce en realidad a perderse, es decir a una existencia triste y estéril. Si al contrario vivimos para el Señor y fundamentamos nuestra vida en el amor, como hace Jesús, podremos saborear la alegría auténtica y nuestra vida no será estéril, sino que será fecunda.

En la celebración de la Eucaristía, revivimos el misterio de la cruz; no solamente recordamos, sino que cumplimos el memorial del Sacrificio redentor, donde el Hijo de Dios se pierde completamente Él mismo para recibirse de nuevo del Padre y así encontrarnos, nosotros que estábamos perdidos, con todas las criaturas. Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, para que podamos seguirle en el camino de cada día, en el servicio concreto de los hermanos.

Que la Santa Virgen María, que ha seguido a Jesús hasta el Calvario, nos acompañe a nosotros también  y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una cruz sin Jesús: la cruz con Jesús, que es la cruz de sufrir por amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección.

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