Palabras del Papa, 11-12-2017Tantas veces el consuelo del Señor nos parece una maravilla. Dejarse consolar por el Señor en lugar de preferir las quejas y los rencores.
Y no es fácil, debemos despojarnos de nuestros egoísmos, de aquellas cosas que son el propio tesoro, ya sea la amargura, o las quejas, o tantas cosas. No es fácil dejarse consolar; es más fácil consolar a los demás que dejarse consolar. Porque tantas veces nosotros estamos apegados a lo negativo, estamos apegados a la herida del pecado dentro de nosotros y, muchas veces, preferimos permanecer allí, solos, o sea en la cama, como aquel del Evangelio, aislados, allí, y no levantarnos. `Levántate´ es la palabra de Jesús, siempre: `Levántate´. Somos maestros de lo negativo por la herida del pecado, mientras que en lo positivo somos mendigos. Cando se prefiere el rencor y cocinamos nuestros sentimientos hay un corazón amargo. La amargura que siempre nos lleva a expresiones de lamento. Para los corazones amargos es más hermoso lo amargo que lo dulce. Muchos prefieren esta amargura y poseen una raíz amarga, que nos lleva con la memoria al pecado original. Y esto es un modo de no dejarse consolar. Santa Teresa que decía: «Ay de la hermana que dice: ‘me han hecho una injusticia, me han hecho algo que no es razonable’» Dios viene a salvarte. Dejarse consolar por el Señor. Y no es fácil porque para dejarse consolar por el Señor uno necesita desnudarse de sus propios egoísmos, de esas cosas que son nuestro tesoro: la amargura, el lamentarse, u otras muchas cosas. Nos hará bien hoy, a cada uno de nosotros, hacer un examen de conciencia: ¿cómo es mi corazón? ¿Tengo alguna amargura allí? ¿Tengo alguna tristeza? ¿Cómo es mi lenguaje? ¿Es de alabanza a Dios, de belleza, o siempre de quejas? Y pedir al Señor la gracia del coraje, porque en el coraje Él viene a consolarnos. Y decir: Señor, ven a consolarnos.
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