«Queridos hijos: En este tiempo de gracia, los invito nuevamente a ofrecer sus vidas a Dios para que Él les guíe hacia la resurrección por medio de su conversión personal. Hijitos, Dios está cerca de ustedes y atiende sus oraciones, pero ustedes están adormecidos; por eso Él me ha enviado a ustedes para despertarles y para que brillen en santidad como una flor de primavera. Gracias por haber respondido a mi llamada». (Con aprobación eclesiástica)

