No lo dice por decir. Cuando habla de las asechanzas del demonio se le cambia algo el semblante y se pone severo y algo triste. Pero eso sucede pocas veces. Porque la mayor parte del tiempo Martín Scott habla desde la paz, la serenidad y la alegría de quien vive una relación muy especial con Dios y una misión muy concreta, en la que emplea los dones y carismas que le han sido revelados. Lo avala también con la certeza de quien se considera la persona más feliz del mundo. Su secreto: abandonarse totalmente a la voluntad de Dios.
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