El corazón compasivo de Cristo recrea

Dios tuvo compasión, se acercó a nosotros en su hijo y nos restituyó a todos en la dignidad de hijos de Dios

19 de Septiembre de 2017.Misa celebrada en Santa Marta

Inspirándose en el Evangelio de San Lucas, propuesto por la Liturgia del día la resurrección del hijo de la viuda de Naín por obra de Jesús.  Y Jesús, que tiene la capacidad de “ver el detalle”, porque “mira el corazón”, tiene compasión:

  • La compasión es un sentimiento que implica, es un sentimiento del corazón, de las entrañas, involucra todo. No es lo mismo que la “pena”, o… “¡qué pecado, pobre gente!”: no, no es lo mismo. La compasión  compromete. Es “padecer con”. Esto es la compasión. El Señor se compromete con una viuda y con un huérfano… Pero dime, tú tienes a toda una muchedumbre aquí, ¿por qué no hablas a la gente? Deja… la vida es así… son tragedias que suceden, suceden… No. Para Él era más importante aquella viuda y aquel huérfano muerto, que la muchedumbre a la que le estaba hablando y que lo seguía. ¿Por qué? Porque su corazón, sus vísceras se implicaron. El Señor, con su compasión, se ha interesado en este caso. Tuvo compasión”.

 

  • “Acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla desde lejos. Tuvo compasión– primera palabra – se acercó– segunda palabra. Después hace el milagro y Jesús no dice: ‘Hasta la vista, yo prosigo el camino’: no. Toma al muchacho y ¿qué dice? ‘Lo devolvió a su madre’: restituir, la tercera palabra. Jesús hace milagros para devolver, para colocar en su propio lugar a las personas. Y es esto lo que ha hecho con la redención. Tuvo compasión – Dios tuvo compasión – se acercó a nosotros en su Hijo, y nos restituyó a todos nosotros la dignidad de hijos de Dios. Nos ha recreado a todos”.

 

  • “Muchas veces miramos los telediarios o la primera página de los periódicos, las tragedias… pero mira, en aquel país los niños no tienen qué comer; en aquel país los niños son soldados; en aquel país las mujeres son esclavizadas; en aquel país… oh, ¡cuántas calamidades! Pobre gente…  Giro la página y paso a la novela, a la telenovela que viene después. Y esto no es cristiano. Y la pregunta que yo haría ahora, mirándolos a todos, y también a mí mismo: “¿Soy capaz de tener compasión? ¿De rezar? Cuando veo estas cosas, que me las llevan a casa a través de los  medios de comunicación… ¿mis entrañas se mueven? ¿Mi corazón padececon aquella gente, o siento pena, digo ‘pobre gente’, y así?… Y si no puedes tener compasión, pedir la gracia: ‘¡Señor, dame la gracia de la compasión’”!

 

Con la “oración de intercesión”, con nuestro “trabajo” de cristianos debemos ser capaces de ayudar a la gente que sufre, a fin de que “sea restituida a la sociedad”, a la “vida de la familia”, del trabajo; en suma: a la “vida cotidiana”.

 

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