El Protestantismo fue un error

El  Protestantismo fue un error

De una protesta surgió una nueva religión, que, daca vez, con el rodar, como una bola de nieve se ha convertido en algo gigantesco. Y sigue.

Hace 500 años, el 3 de octubre de 1517 el monje agustino Martin Lutero clavaba en la puerta del castillo de Wittenberg sus 95 tesis, que provocaba, bajo la apariencia de una reforma de la Iglesia,  una división tremenda en el  Cuerpo de Cristo. División que se ha ahondado por múltiples desviaciones posteriores… el racionalismo, el espiritismo, el gnosticismo teosófico, etc.

Una de las últimas de estas andaduras desviacionistas en algunas de sus múltiples y diversas iglesias es el progresismo que se ha abierto paso en sus doctrinas, liturgias y morales.

Lo cual hace cada vez más imposible cualquier tipo de ecumenismo.

Stanley Hauerwas fue nombrado “el mejor teólogo de América” por la revista Time en 2001, ha afirmado que él viene de la parte católica del protestantismo, porque considera que la protesta fue un error y no enseña teología protestante sino a Tomás de Aquino.

Entre los errores, desviaciones y consecuencias de la Protesta podríamos enumerar:

El obturar vias de gracia, como son la negación de parte de los sacramentos e de la plenitud de ellos, como la eucaristia, la penitencia, etc., la marginación de la Virgen Maria, intercesora y mediadora de tantas gracias.

El empobrecimiento de las obras como respuesta a hacer la voluntad de Dios, y participar en su plan de salvación para cada uno de nosotros. Porque cada uno será juzgado según sus obras, no dicen las Escrituras que lo sea según su fe. Creer no es suficente, ni lo determinante (el diablo también creer en existencia de Dios), sino y principalmente el amor.

El distanciamiento progresivo de la comunión con la Iglesia de la que se separaron, que no ha dejado de creer: para ganar adeptos muchos miembros de comunidades protestantes hacen proselitismo a través de un discurso “abiosamente anticatólica”; haciendo aparecer a la Iglesia Catolólica como la Ramera de Babilonia de la que huír, o al Papa como el anticristo, o segunda bestia del Ap.

El rechazo al hábito: la negación protestante de un sacerdocio “sacro”, que distinga al sacerdote del creyente común; existe el rechazo a la perspectiva católica que, con el sacramento del orden, convierte a un bautizado en alguien diverso, “aparte”. Su importancia deriva del hecho de que es “signo de consagración”.

La predestinación calvinista y el desprecio a la pobreza. Una desviación de la doctrina real y verdadera de un Dios que se hizo pobre, que vivió desprendido de todo y que practicó esta virtud como nadie (tan sólo recordar cuando Jesús se retiró al Huerto de los Olivos, que dice el evangelio “donde solían ir” a pasar la noche, a dormir practicamente a un descampado y en el suelo). Y esta doctrina protestante bastardea la verdad, adoctrinando a un grave error de presentar el enriquecimiento como un ideal evagélico.

Dios no abandona al hombre. La fe en Cristo, Dios y Hombre, invocarle a Él y su salvación, es eficaz, aunque seas protestante. Pero la eficacia de la Iglesia y de su ritual es mayor. Todos los caminos guiados por la luz de la verdad, el bien, la belleza, el amor, la honestidad, la buena voluntad… conducen a Dios; pero hay caminos, como el del Cuerpo de Cristo, la Iglesia Católica, que va más recto, es más corto y se hace antes.

 

Luis M. Mata