
En los días (del 12 al 16 de mayo) previos a la Ascensión del Señor a los cielos, a celebrar el cuadragésimo día después de la Resurrección Pascual, la liturgia se centra en los momentos anteriores a la Pasión, en los que Jesús va preparando a sus discípulos, y les asesora a modo de despedida centrándose en dos cuestiones: la persecución que supone creer: “el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” (Jn 17,14), y el envío del Paráclito, el Espíritu Santo: “el Paráclito, a quien yo les enviaré desde mi Padre” (Jn 15,26).