
La vida de Gilberto solo puede contarse de dos formas: con edulcorante o sin él. Nosotros hemos elegido la segunda. A Gilberto le violaron siendo un niño, comenzó a prostituirse en la adolescencia y permaneció atrapado en ese mundo durante 30 años. Tres décadas oscuras, de sufrimiento y vacío. Pero “un ángel”, como él dice, le llevó hasta san José, y su corazón de padre se encargó de devolverle a la vida.
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