ESPIRITUALIDAD

La imprescindibilidad de la adoración.

La adoración del Santísimo se ha hecho imprescindible en nuestros días. Un rato, una hora de adoración permite al Señor derramar su gracia misericordiosa a toda la Humanidad. La humanidad debe tanto… a los anónimos adoradores. Vosotros, de manera mística, sostenéis al mundo.

Los que creemos en Cristo, y en Él presente en la eucaristía, no podemos por menos que convertirnos en adoradores perpetuos de una realidad tan cercana: Dios ahí, tan al alcance de la mano, tan próximo a nosotros… Es una verdad que nos urge y desafía a no obviarla, a incorporarla a nuestra vida de manera definitiva, en torna a la cual hacer pivotar toda nuestra existencia.

La decisión de adorar regularmente , quiera Dios que a diario, al Santísimo, verdaderamente es importante y de gran trascendencia para nuestra vida, y la de los que nos rodean, más de lo que nos podemos imaginar. Un rato, una hora de adoración permite al Señor derramar su gracia misericordiosa a toda la Humanidad.

Contaba la Madre Teresa de Calcuta en su orden, inicialmente, que tenían media hora de adoración ante Jesús Sacramentado una vez al mes. En un congreso decidieron pasar a una hora diaria. Recibieron permiso para que una de ellas pudiera colocar a Jesús en la custodia durante esa hora de adoración. Desde entonces, cuenta, mejoró la alegría, la atención de los enfermos, se llegaba a más y se doblaron el número de aspirantes.

Hay «muchos» adoradores (bueno, al menos muchos más de los que la gente cree), que pasan tiempo de su vida diaria delante del Santísimo. ¡Bendito seáis! La humanidad os debe tanto… Porque vosotros, de alguna manera mística, sostenéis al mundo. (Aunque de esto ya hablaré detenidamente en otra ocasión)

Miguel Morales.