Virgen de Lourdes, 11 de febrero

Hoy celebramos la festividad de la advocación mariana de Nuestra Señora de  Lourdes. Y unida a ella la Iglesia celebra también la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo.

El 11 de febrero de 1858 la Virgen se apareció en una gruta a Bernadette, una niña de familia pobre de 14 años, cuando buscaba madera para calentar su casa. Una especie de ráfaga de viento le llamó la atención y se acercó a la cueva cuando de repente vio “algo blanco con forma de mujer”. En 18 ocasiones se le apareció la Virgen María, que se le presentó como la “Inmaculada Concepción”. En julio de aquel mismo año cesaron estas apariciones. Dejando una manantial de agua del que la Virgen invito a beber y a lavarse. Y desde el que no han dejado de producirse milagros.Hoy celebramos la festividad de la advocación mariana de Nuestra Señora de  Lourdes. Y unida a ella la Iglesia celebra también la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo.

Lourdes, al sur de Francia, en los Pirineos, destaca por la peregrinación especialmente de enfermos. Desde las apariciones en 1858 la oficina médica de Lourdes ha registrado más de 7.000 casos de curaciones científicamente inexplicables. De las cuales, 70 han sido reconocidas por la Iglesia como intervenciones milagrosas de Dios.

De los numerosísimos casos de curaciones milagrosas tan solo unos pocos han sido aprobados, la razón es porque las condiciones establecidas son tan rigurosas que basta con que haya la más mínima posibilidad de que haya actuado la sugestión o, simplemente, que el enfermo tomara medicinas contra su mal, para que el muy posible milagro no se reconozca como tal.

Aunque las curaciones han sido numerosísimas, las curaciones espirituales lo son aún más y de mayor importancia. Estas se suceden de continuo, cada día, todo el mundo que va a Lourdes, como a Fátima y también (aunque aún no haya sido reconocido plenamente por la Iglesia) Medjugorje, como santuarios marianos en los que la espiritualidad que en ellos se respira cala hondo y transforma los corazones.  Esto sucede en mayor o menor medida en todos los que acuden a estos lugares, aunque han habido muchas y profundas conversiones y de todas clases de gentes y procedencias, más relevantes o menos, de escépticos o ateos o incluso de otras religiones.

El milagro de Lourdes es el de ver llorar a hombres y mujeres cuando apoyan su cabeza o su mano contra la roca de la cueva de las apariciones. O ver cómo tantos enfermos salen de allí fortalecidos para seguir llevando su cruz física, porque su cruz espiritual les ha sido notablemente aliviada.

Y luego está el bien que desconocemos, que se expande invisiblemente por el mundo, procedente de tantísimas personas que recen en estos lugares, expandiendo las gracias de Cielo, como una lluvia para el resto de la Humanidad.

 

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