Respuesta a quién desprecia la fe religiosa tachándola de irracional superstición

Los no creyentes, para justificar su posición, suelen alegar: El fundamento de la religión es la superstición y la irracionalidad, consecuencia de los temores. Desde la noche de los tiempos más remotos sirve el nombre de Dios para atemorizar a los crédulos, para atraer a los incautos al yugo sacerdotal, para dominar a los ignorantes y casi nunca para demostrar la verdad. 

Respuesta:

La superstición no es la consecuencia natural ni el fundamento de la religiosidad, sino, por el contrario, su peor enemigo. Se da justamente allí donde falta la religión. Como escribió Ludwig Wittgenstein, “la fe religiosa y la superstición son muy diferentes. Una surge del temor y es una especie de falsa ciencia. La otra es un confiar”. Lo mismo que de la superstición cabe decir del fanatismo. Es erróneo pensar que la fe religiosa es enemiga de la razón y que se nutre del miedo y de la ignorancia, o que es propia de la minoría de edad intelectual del hombre. La fe, aunque pertenezca al ámbito de lo emocional, no es ajena al orden de lo racional. La fe no es arbitraria; tiene su componente lógico. Creer en la verdad de un mensaje de salvación transmitido mediante la tradición no tiene nada de irracional. La fe no consiste en oscuridad, sino en luz. Del mismo modo que hay una lógica de la razón, hay también una lógica del corazón. Como existe un orden de los conceptos, también existe un orden del corazón.

La fe no teme a la razón, porque está por lo humano y lo razonable. El cristiano, en cuanto a la razón, puede ir más lejos que nadie. Dios es el Logos, la razón, dice el Evangelio de san Juan (1,1). El hombre es un ser hecho a imagen y semejanza de Dios, es decir, con razón, y Dios quiere que ese ser creado por él ejercite lo máximo posible esa facultad que lo constituye. El no pensar aleja de lo que Dios es. De modo que pedir razones en cualquier ámbito, también en el de la fe, es algo coherente con la dignidad del creyente cristiano. Las proposiciones o verdades de fe no son irracionales ni absurdas, sino razonables, asumibles responsablemente y satisfactorias pues nos dan respuestas.

A lo largo de la historia, con el hecho religioso no han podido ni las ideas ni la razón, pues es más que ellas: tiene más ideas y más razones que cualquier filosofía. Hoy día, en Occidente está “pudiendo” el pecado del mundo: el egoísmo, el hedonismo, el poder, la soberbia, el afán de lucro, la inmoralidad, el desprecio a la verdad, la subcultura… La iglesia católica lleva dialogando con las culturas y las civilizaciones de todos los tiempos, sobre la base de la razón, que es el medio de entenderse el homo sapiens, y ha llegado hasta aquí contrastándose con todo tipos de pensamientos. Por ello, la iglesia y los creyentes no tememos a los nuevos tiempos siempre que se pretendan ser racionales; pues, como se suele decir, y esto se lo aplica la fe cristiana en grado sumo, con la verdad y la razón se va a cualquier parte. El único problema es el de la “cultura” dominante en el mundo actual, que conduce a negar el diálogo y no lo quiere por miedo a no tener razón.

 

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